Arnau

Almacén de relatos olvidables

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Archive for the ‘Relatos inolvidables’ Category

Gràcies per tot

Posted by Arnau en abril 22, 2018

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Los gatos de Estremera

Posted by Arnau en marzo 28, 2018

Mirad, soy funcionario en la prisión de Estremera. Es la mía una profesión dura, sufrida, y desde hace unos meses lo es mucho más… por culpa de unos gatos. Me gustaría hablaros de los gatos que nos han colado en esta cárcel; pero antes preferiría contextualizar lo que es mi trabajo. Contextualizar siempre viene bien, como los chupitos de licor de hierbas, que ayudan a animar el tránsito de una difícil digestión. Lo creo necesario, contextualizar un poco, pues es éste un gatuperio que a todos se nos puede atragantar.

Diré primero que lo que hace dura de verdad mi profesión es que es anónima, casi furtiva; tanto es así, que todos nuestros actos los sentimos los funcionarios sin lógica o fin, como una desgracia. A veces entre los compañeros lo comentamos: oye, que nunca trasciende como debería cuando descolgamos a un preso aún con vida de una reja, o lo rescatamos medio abrasado de un incendio; tampoco cuando nos meten un pincho en el intersticio de dos costillas, ay, o nos rompen un brazo, nos muerden en el hombro, nos vomitan en nuestras feas camisas.

Oh –comentamos entre nosotros–, fíjate en cambio la que se monta cuando a unos guardias civiles les dan un par de tortas en un bar. ¡Terrorismo! ¡500 euros limpios más de salario al mes, que todo es poco, pues todo se lo merece el benemérito cuerpo! Claro que sí.

A mí se me echó encima un reputado etarra dentro de la cárcel; estaba en mi primer mes de prácticas; me retuvo, arrancó el cable del teléfono y me arrebató el walki con una de sus manotas enormes, como de Handía, ese gigante vasco cuya historia triste y mágica fue premiada en los últimos Goya. En esa palma podría haber reposado holgadamente mi cráneo: y como un huevo entre sus dedazos lo hubiera roto con tan solo cerrarlos. Pero Sebastián solo quería decirme con guipuzcoana vehemencia lo “txakurra” que yo era. Gracias, Sebastián: solo querías humillarme gratis por lo que significa mi trabajo, “so perro, so carcelero”, me informó. Gratis sí, pues ni siquiera habíamos cruzado antes una sola palabra.

Con esta pequeña anécdota, un pequeño secuestro de apenas media hora, pero secuestro al fin, di comienzo a mi nueva carrera profesional; pensé que si Sebastián me hubiera asaltado fuera de los muros de la cárcel a lo mejor hubiera sido hasta noticia; dentro, no. Es algo que me dio para reflexionar sobre la naturaleza de mi nueva ocupación.

Pero sigamos con el contexto.

Policía y Guardia Civil suelen atrapar al malo en unos despliegues llevados a cabo con mucho brillo intelectual… y un pequeño ejército de entre cien a ciento diez agentes. Operativos los llaman, en los que van armados con artillería suficiente como para invadir Polonia. Luego, a cien o ciento diez de los malos que van atrapando a lo largo de los años, los meten dentro de un módulo al frente del cual colocan a un solo funcionario, que igual es flaquito, aunque también los ponen anchos, altos y fuertes, pues su complexión no cuenta a la hora de que se valore lo que de verdad importa, que es su soledad.

Entonces, todo lo que exhalan cada uno de esos cien o ciento diez presos le cae al funcionario todos y cada uno de sus días de encierro sobre el pobre uniforme con que lo visten: sus llantos, sus meados, sus vómitos, su sangre, su malestar constante que va laminando poco a poco sus pequeñas ilusiones de hombre, o mujer, que tan solo quiere volver esa noche a su casa con el cuerpo y el alma sin arañar.

Me detengo un segundo, dejadme, con los uniformes, pues oh, los de la Policía son espectaculares, y lo pintureros que van con los suyos los guardias civiles, marcando talle, bien cortados que están los números, juncales que son. Pues tendríais que ver cómo son los nuestros: parece mentira que se pueda diseñar algo así.

Y para completar la contextualización de esa anónima infelicidad, la mía, la que acarrea mi profesión, que no se me olvide deciros que esta cárcel donde trabajo, la de Estremera, es la que registra mayor número de agresiones a funcionarios de España. Dejadme recordar a este respecto a Woody Allen y su famoso chiste: “¿Seis millones de judíos muertos en las cámaras de gas? ¡Los récords están para batirlos!”.

Aquí va mi oscura versión: ¿Ciento treinta agresiones a funcionarios este último año en Estremera? ¡Los récords están para batirlos! Pues claro que sí, y a pesar de esa gran marca, que sin duda pronto será pulverizada gracias a la dirección del establecimiento, que hostiga y hostiga sin pausa ni sentido, a pesar de todas las miserias y contrariedades dichas, pues van y aún nos humillan más a fondo soltando por el patio de nuestros módulos a un quinteto de gatos extraños de narices, muy raros. Son gatos cariacontecidos, que miran y maúllan con temor desde un lugar que sienten equivocado, que no pertenece a su mundo, y que ya desde el primer día en que aparecieron nos han contagiado, a los que hemos de atenderles, de un desasosiego e inquietud casi patológicos.

Ay, qué quinteto de gatazos. Constituye una visión tremenda ver cómo toman a la mañana su leche, al mediodía comen su plato de carne flatulenta, caminan a la tarde sobre el lomo de los tejados golpeados por el viento de esta primavera convulsa que sacude las hermosas vegas del Tajo; al crepúsculo, si amaina y no llueve, cuando el sol agonizante incendia las cuchillas de las concertinas, se puede ver a Junqueras y Forn jugar al tenis; lo hacen con la extraña agilidad de felinos de alzada y regordetes, y a mí me resulta un suplicio observar cómo estiran el lomo entre elásticos bostezos cuando fallan una bola, más que toda la miseria que os he contado de mi trabajo multiplicada por mil; sí, aún más que cien toneladas de vómitos y sangre juntos, más que todos los orines sobre los que haya resbalado y caído, o palpado en los vericuetos de un retrete en busca de un pincho carcelario.

Y me revuelvo en estas angustias al verles jugar al tenis porque cuando decidí dar el paso de ser funcionario de prisiones sabía perfectamente lo que hacía; de sobra me informé de la miseria a la que me iba a enfrentar; “siempre encontraré un resquicio de luz en semejante tribulación”, pensaba; pero nada me hizo sospechar que iba a ser usado, sí, USADO como funcionario público, para resolver de forma ignominiosa un problema que es tan solo político.

Lo mismo que han usado a la Policía Nacional y a la Guardia Civil: solo que a ellos se lo van a compensar con los 500 euros limpios del ala al mes que decía: ese dinero prometido es para que tengan buena disposición de ánimo, digo yo, por si hay que volver a romper la crisma a los que quieran cometer el pavoroso crimen de votar. A nosotros no nos los van a dar, los 500 euros, y eso que somos esenciales en esa estrategia patibularia del Gobierno: ¡CÁRCEL, CÁRCEL Y CÁRCEL para el que piense torcido!

Por eso quiero que al menos me den esos 500 euros, porque ver a esos gatazos encerrados en Estremera me supone morirme de una vergüenza absoluta; es una vergüenza tal que me hace insoportable acercarme cada día a cumplir con mi turno de trabajo; es la vergüenza democrática de tener que sufrir el espectáculo de cinco hombres atrapados en prisión por “crímenes” políticos.

Esto es así, es lo que sé, es mi convicción, escuchadme, por favor, y despertad, que estáis todos como dormidos, que parecéis atontados: esta vergüenza no es tan solo para mí o para mis compañeros funcionarios, es una vergüenza para todo un país, España, que siempre defrauda, que siempre fracasa, que siempre hiere y hace sangrar con el pico roto de sus históricas disputas.

Ahora les ha tocado a estos gatazos de Cataluña, pero ya sabéis que hay otras especies por ahí en el punto de mira de la escopeta del cazador; y las van abatiendo con una brutalidad que solo puede explicar un odio afilado de clase contra clase: loros raperos, perros chistosos de Mongolia o inteligentes sepias de Arco.

Ya que no se os escapa lo que me juego con estas palabras, os pido que cuando esta vergüenza que se extiende como lámina húmeda, como venda usada de enfermo, un día sintáis que os aprieta al fin el alma, recordad lo que decía este humilde funcionario del Estado que solo reivindica que no lo usen como pañuelo para limpiarle los mocos al Gobierno; y si es así, que al menos le den por ello un pequeño plus de 500 pavos limpios al mes, que es el precio tasado que el ministro del Interior le ha puesto a su alma. Ah, y gracias por leerme.

José Angel Hidalgo es funcionario de prisiones, periodista y escritor. Autor de Sal en los zapatos (editorial Verbum), trabaja en el Centro Penitenciario de Estremera (Madrid VII) desde hace casi diez años, cuando fue inaugurada por Francisco Granados

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Valentina Tereshkova

Posted by Arnau en marzo 11, 2018

Valentina Vladímirovna Tereshkova en ruso, Валенти́на Влади́мировна Терешко́ва (Máslennikovo, 6 de marzo de 1937) cosmonauta y política rusa ya retirada, es una ingeniera rusa que como cosmonauta se convirtió en la primera mujer, y a la vez el primer civil, que ha volado al espacio, habiendo sido seleccionada entre más de cuatrocientos aspirantes y cinco finalistas para ser piloto del Vostok 6, lanzado el 16 de junio de 1963. Completó 48 órbitas alrededor de la Tierra en sus tres días en el espacio. Para unirse al Cuerpo de Cosmonautas, Tereshkova fue incorporada de manera honoraria a la Fuerza Área Soviética, siendo así la primera civil en volar al espacio.

Antes de su reclutamiento como cosmonauta, Tereshkova fue una obrera que trabajaba en una fábrica textil y paracaidista aficionada. Después de la disolución del primer grupo de cosmonautas femeninos en 1969, fue un prominente miembro del Partido Comunista de la Unión Soviética, participando en varias oficinas políticas. Permaneció activa en la política tras el colapso de la Unión Soviética (URSS) y es considerada como una heroína en la Rusia post-soviética.

Tiene una buena relación con el presidente de Rusia Vladimir Putin. En 2013, se ofreció para hacer un viaje a Marte si le daban la oportunidad. En la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Invierno, corrió con la bandera olímpica.

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GIGANTE

Posted by Arnau en febrero 5, 2018

Una rotonda, 600 km detrás. “Un golpe de Estado nunca sale gratis”, escrito con prisa en el asfalto. Rojo y gualdo en la señal. Rojo y gualdo en el arcén. Tres horas de tierra y nada alrededor. Alambre, garita, torre y cemento en una loma. De lejos parece un aeropuerto sin aviones. Ronny y Vievo, siempre 10-12-17. Eva, Aranchy y Víctor, Nunca Más. 6-09-2012, Karabanchel se va. Pollo y Chulato, sois mi vida. Chicho, Antonio, Ramiro, se quedan. Camaroti y Chulo, volveremos, en una pared roja. Cárcel de Estremera. La séptima cárcel de Madrid.

La última vez fue cuando dejaron salir con seis horas de retraso para que se hiciera de noche y no pareciera que había tanta gente fuera esperando a MundóRullRomeva y Turull. Vestíbulo con 20 cárteles prohibiendo móviles. Madres, padres, hermanos, novias, mujeres e hijos, haciendo cola. Sacos con mantas y ropa. DNI, foto y huella dactilar. Apática eficacia del funcionario.

Hace frío. Un frío que no acaba hasta que te vas. Mamparas opacas con gente dentro mirando cámaras sin gente. Control y escáner. Sin chaqueta, sin cinturón, sin metal, sin bolígrafo, sin papel. Funcionarios con guantes de plástico revisando bolsillos. Hileras de sillas de madera. Ahora parece un ambulatorio. Gente mirando al suelo, gente mirando al patio, gente mirando al techo. “España no se rompe”escrito en la camiseta de un chico que no nos reconoce. Una pasarela de hierro oxidado y cristal. Un patio de gravilla vallado con alambre y concertinas que brillan tanto que parecen nuevas. Si hay pájaros, no se ven. Otra sala y otra puerta. Un pasillo de cabinas delante.

Una voz por megafonía recita apellidos que asigna a cabinas. “Junqueras la 2”. Una silueta con una parca de monte negra ríe y habla en la puerta con alguien. Un metro cuadrado de metal acristalado con tres sillas de plástico. Somos cuatro. Nos turnaremos para acercarnos al micro. La silueta se gira y es Junqueras. 100 días después cuesta reconocerle. Conmociona. Tras seis horas de coche convenciéndote de que el de los ánimos y la buena cara debes ser tú, en un segundo te das cuenta de que no lo serás. Más delgado, más moreno, más fuerte. Sonríe y no lo dejará de hacer en 40 minutos.

Ponemos nuestras manos en el cristal sucio. Recuerdo los abrazos que nos dimos. Política, deporte, lectura, cartas y 20 “cuidad de la familia”. Su luz es tan intensa que dejas de ver la oscuridad que hay. Un gigante que no cabe en siete cárceles. 100 días sin sus hijos y ni un reproche para nada ni nadie. Historia viva.

Sabes que acaba porque dejas de oírle. Cortan. Manos en el cristal sucio. Besos y abrazos en el aire. Salimos. Antes las puertas nos giramos y cerramos el puño a la vez. Ojos rojos. Ya nada te parece tan feo.

Hace más frío dentro que fuera. Hay quien se merece tanto que se merece un país entero. Hay cosas que querría no haber escrito nunca. Que los derrotados de hoy vayan a Estremera y vuelvan como los Aquiles del mañana.

 

Gabriel Rufián

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Posted by Arnau en septiembre 15, 2017

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Cospedal: “Las Fuerzas Armadas están para proteger la integridad y la soberanía de España”

Posted by Arnau en julio 5, 2017

 

“Quin fracàs d’Espanya, d’Espanya com a projecte col·lectiu el fet d’haver d’assegurar la seva supervivència a punta de fusell. Al preu d’apuntar l’exèrcit contra la que diu que és la seva gent. Si la nació és el plebiscit de cada dia, el recurs de l’exèrcit implica que el plebiscit s’ha perdut”.

Antoni Bassas

 

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Adéu, CARLES

Posted by Arnau en junio 2, 2017

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Kathrine Switzer

Posted by Arnau en abril 17, 2017

Kathrine Virginia “Kathy” Switzer (Amberg, 5 de enero de 1947) es una escritora, comentarista de televisión y atleta estadounidense, más conocida por ser la primera mujer en correr una maratón (la maraton de Boston) con un dorsal.

Maratón de Boston de 1967

Fue la primera mujer en correr una maratón con dorsal, prueba que estaba destinada exclusivamente a los deportistas varones, cuando en la maratón de Boston de 1967 logró, inscribiéndose como KV Switzer, partir de la línea de meta con el dorsal 261 y llegar a cruzar la línea final después de 4 horas y 20 minutos.

En el transcurso de la carrera, uno de los comisarios, llamado Jock Semple, que ejercía de codirector de la carrera, detectando que Kathrine Switzer era, efectivamente, una mujer, intentó detenerla, salió detrás de ella y le gritó: “¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!”. Pero la colaboración de su novio y de algunos corredores, que la escoltaron hasta la meta, impidió que la atleta fuera retirada de la competición.

Semple intentó detenerla, porque cualquier tipo de incidente podría provocar la pérdida de los permisos para celebrar la Maratón. Bobbi Gibb -quien también corrió la maratón aquel año (pero sin dorsal), y que acabó por delante de Switzer- dijo estar segura de que Semple no sólo la había visto aquel año, sino también el año anterior, cuando fue la primera mujer en lograr acabar la maratón de Bostón por delante de más de 290 de los 415 corredores inscritos. También aquella vez corrió sin dorsal.

 

 

Y aquí los dos protagonistas 8 años después:

                      

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El deporte cuando es arte y emoción entra en la historia; de lo contrario entra simplemente en la estadística

Posted by Arnau en marzo 9, 2017

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Más negra que los cojones de un burro

Posted by Arnau en marzo 6, 2017

En este pueblito en medio de la montaña que haría las maravillas de cualquier meapins de mierda tipo Arnau, me recuerdo a una abuela muy abuela (es, era, familia mía, pero de esas que ni sabes en qué grado ni por qué) contándole su vida a mi señora esposa muy guineana ella, o sea, más negra que los cojones de un burro, y contándoselo en catalán de montaña jojojo

Recuerdo a mi prima diciéndole, “pero si no le entiende”, y la muy viejita, encantadora ella en su silla de mimbre en medio de la Masía, contestándole, “calla, claro que me entiende” (en catalán, Pacopollas, pa que te enteres) jajajjaja

Mi señora se descojonaba, aparte de estar encantada, la viejita no le soltaba la mano, mi Señora se lo pasaba teta viendo con qué entusiasmo le contaba su vida la pagesa, entrañable, para haberlo grabado

Tengo más recuerdos de ese pueblo, pero nada que merezca la pena ser reflejado en una mierda de blog como este

Ernesto (alias el Bocas)

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