Arnau

Almacén de relatos olvidables

  • Contador de tribuneros, blaveros, corbelianos y otras especies

    • 117,203 visitas

Entrevista a Su Majestad

Posted by Arnau en octubre 27, 2009

Aunque me dejen exhausto reconozco que le he cogido gusto a las entrevistas hipnóticas. Así que seguí con ellas. Esta vez buscaba un personaje más accesible, menos barroco, algo más campechano y no tan hijo de puta. Más que nada para desengrasar. Por lo que no lo dude dos veces, y haciéndome pasar en esta ocasión por masajista (la mayoría de inducciones hipnóticas incluyen sugerencias para la relajación, la calma y el bienestar) me dirigí en una bonita mañana otoñal y sin complejos directo a la casa Real.

-Buenos días, soy Arnau, el nuevo masajista -dirigiéndome al mayordomo después de llamar a la majestuosa puerta principal.

-No lo esperábamos hasta mañana, pero en fin, el monarca no desprecia nunca un buen masaje. Pase usted a la piscina termal, al fondo a la izquierda. Creo que ahora mismo se está dando el baño matutino de cada día -me dijo mientras me indicaba con delicadeza el trayecto a seguir.

Hay que aceptar que pocas veces se está delante de un monarca desnudo y menos para suministrarle un buen masaje, por lo que estaba un poco atribulado, más que nada porque no tengo ni puta idea de darlo. Así que cuando delante de mí y desdibujado dentro de una espesa bruma de agua caliente me encontré al ser más campechano de toda España y dicen personaje clave de nuestra historia contemporánea el impacto fue poco menos que emocionante. Por qué no admitirlo. Inspiré profundamente y me dirigí de forma cortés al monarca.

-Buenos días, señor monarca, mi nombre es Arnau y vengo a realizarle su masaje estimulante -acerté a decirle con un hilo de voz apenas perceptible y visiblemente acongojado.

-Es usted nuevo en estos menesteres, verdad. Deje la ropa en esa silla y ya puede entrar en el agua -me contestó con esa voz grave y varonil tan característica.

-No llevo bañador, mi señor -le contesté humillándome y a punto de perder los papeles.

-No se preocupe, Arnau, nadie entra con bañador en mi piscina. No se apure.

No había llegado hasta allí para echarme atrás, así que ruborizado hasta el ombligo me quité la ropa, la deposité encima de la silla y completamente desnudo me dispuse a entrar en el agua. Antes de introducirme, pero, el monarca me miró y se dirigió a mí: “espectacular, chaval”, mientras una media sonrisa de mi parte agradecía su observación espontánea. Hay que reconocer que el muy puta sabe cómo tratar a la gente para hacerla sentir mejor. Sin más demora y ya dentro del agua me coloqué detrás de él, a su espalda. Esta vez la inducción hipnótica sería fácil. Simplemente tenía que rodear su cuello con mis manos, apretar ligeramente durante algunos segundos, y así poder menguar la entrada de oxigeno hasta conseguir la relajación. Estrujé y, afortunadamente, funcionó. No me lo podía creer, me encontraba desnudo dentro de una piscina termal con un monarca jovial y cordial, medio sedado e hipnotizado y en pelotas como yo. Estaba contento, todo iba hasta el momento de cojones, y me prometí ya no dejar escapar a la presa.

-Me permite, señor monarca, y mientras le realizo el masaje, tener una conversación con usted para hacer más agradable la sesión.

-Por supuesto, Arnau, aunque si no le importa, aldeano palurdo, cuando se dirija a mí me llama de “Su Majestad” -dijo con un tono muy distinto al anterior, como bastante más impertinente y estúpido. Más borde. Desgraciadamente parecía que la sedación hipnótica le había quitado la careta. La vida en realidad no deja de ser una caja llena de sorpresas. Pese a ello entré al trapo.

-Existen ciertos rumores de que alguna de sus hijas es, desgraciadamente, algo retrasada, ¿qué hay de cierto en ello, Su Majestad?

-No es cierto, en absoluto. La hija mayor, que supongo es a la que se refiere, tiene incluso la carrera de ingeniería aeronáutica. Mire, realmente la retrasada es la griega. Y no, no se preocupe, la escogí a conciencia. No me importó ni tan siquiera el tener que cruzar casi medio mundo para encontrar tal espécimen. Fíjese bien, el plan era tener una esposa que no molestara en exceso, que se mantuviera callada, sumisa, que no preguntara demasiado y que apenas estorbara mis andanzas. E incluso y gracias a la publicidad que pareciese a ojos de los españoles también extremadamente culta y refinada. Y tendrá que convenir que el engaño ha ido siempre de perlas, aun y pequeños problemas como la publicación del libro de Pilar, que la muy gilipollas casi nos desmorona todo el castillo de naipes construido. Al final salvamos el asunto por los pelos.

-Es increíble lo que puede hacer el marketing, verdad. Vaya sorpresa. Entonces y por lo que me explica, ¿qué coño significa para usted España para tener que actuar de esa manera, Su Majestad?

-No dar un palo al agua, un sueldo que te cagas, navegar en Mallorca y follar de la hostia.

-No podría ser un poco más delicado, Su Majestad. No es por nada pero me ofende algo su vocabulario.

-Vacaciones de once meses, una esplendorosa retribución económica, hacer mucho deporte y fornicar cuando me plazca. ¿Así le vale, mojigato de los cojones?

-No se me sulfure, Su Majestad, usted sabrá. Entrando ya en asuntos algo más trascendentes, creo recordar que en su alegato póstumo a Franco usted declaró que el dictador fue una “figura excepcional que entraría en la historia y que su nombre sería para siempre un jalón del acontecer español y un hito al que sería imposible dejar de referirse para entender nuestra vida política contemporánea”. Creo que también pidió para él “respeto y gratitud a la hora de recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del estado”. Analizada esta patética y cursi diatriba, Su Majestad, me pregunto si estaba por esos años tan cogido por los cojones como da a entender ese desecho de mierda o por el contrario creía firmemente en lo que decía.

-Y a mí que me cuenta, era lo que estaba escrito en el papel.

-¿También estaba escrito en el papel, Su Majestad, el juramento que hizo a Dios y a los Santos Evangelios para hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informaban el Movimiento Nacional?

-Coño, y que hubiera hecho usted en mi lugar. Le tengo que recordar acaso de que yo en esa época ya era padre de familia. No cree usted que tenía que velar por mi futuro, leches. Además, ¿usted se quedó con las caras de los diputados que estaban en el parlamento el día de mi coronación? Parecían un pelotón de fusilamiento de la Gestapo. Lo siento pero no tengo ni he tenido nunca vocación de mártir.

-Pudo haberse dedicado a otra cosa, Su Majestad, hay multitud de profesiones que dignifican a un ser humano a la hora de sostener a una familia.

-Puede ser, pero para eso hay que trabajar. Mire, es verdad que es criticable que nos agenciemos parte de los presupuestos del estado para después no dar ni golpe, pero no se olvide que a cambio de esta pequeña porción de emolumentos públicos, multitud de personas tales como periodistas, fotógrafos, paparazzi, psiquiatras, guardaespaldas, prostitutas, niñeras, jardineros, traficantes, terroristas, Jaime Peñafiel y un sinfín de profesionales liberales viven como nosotros también de la sopa boba. Una cosa por la otra, no cree.

-Hombre, pues mirado así, casi que tiene usted razón. Pero cambiando ya de tercio, Su Majestad, usted que ha despachado con todos los presidentes de la democracia, qué opinión le merece, y para no faltar al orden cronológico, don Adolfo Suárez. Sea escueto por favor.

-Intentaré serlo. Diremos que Adolfo fue un tipo con cerebro democrático atrapado en un cuerpo de fascista.

-Leopoldo Calvo-Sotelo.

-¿Quién es ese?

-Nadie, no importa. Felipe González.

-Un tipo que empezó con cerebro y cuerpo democrático y que finalizó con un cerebro y cuerpo de fascista.

-José María Aznar.

-Un tipo con cerebro fascista atrapado en un cuerpo democrático.

-Y para rematar, ¿qué opinión tiene acerca de José Luís Rodríguez Zapatero?

-Un tipo con cerebro y cuerpo democrático asediado por cerebros y cuerpos fascistas.

-Pues no voy a ser yo quien le contradiga, Su Majestad, creo que es lo único sensato que ha dicho a lo largo de la entrevista. Iremos ya acabando. No podríamos finalizar, sin embargo, sin hablar del célebre golpe de estado ocurrido el 23 de febrero de 1981. Usted, en el famoso discurso televisado a toda la sociedad española proclamó “que la Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no podía tolerar, en forma alguna, acciones o actitudes de personas que pretendían interrumpir por la fuerza el proceso democrático y constitucional que nos habíamos dado”. Sepa usted, Su Majestad, y creo representar la opinión de todos los españoles, que ese acto tan heroico y hermoso contra el fascismo sólo puede ser para siempre agradecido. Muchísimas gracias.

-Bueno, bueno, no vaya tan rápido a la hora de sacar tamañas conclusiones. A mí si se instalaba el fascismo o no me la traía absolutamente al pairo. Lo único que pasa es que en esa frase hay un pequeño error de sintaxis que a la postre resultó ser la llave de todo el asunto. Mire, lo que en realidad proclamé fue que no podía tolerar acciones de personas que pretendiesen interrumpir por la fuerza el proceso democrático “que yo me había dado”, que es muy distinto. Se lo voy a explicar para que incluso usted lo pueda comprender: la misma noche del golpe coincidió que yo estaba, como de costumbre, en casa de Bárbara, charlando y tomándome unas copas. Tan ricamente, ya sabe. Y como comprenderá esta situación a la Reina le disgustaba de manera profunda y obsesiva. Porque sí, puede que sea algo tonta y simplona, pero también tiene su corazoncito. Pues resulta que en esa ocasión a mi esposa no se le ocurrió nada más, es verdad que sumida en una enajenación supina, que la de mandarme dos guardias civiles con tricornio para que me sacaran a patadas e incluso a rastras de la verbena allí organizada. ¿Se imagina usted menudo desvarío? Y hasta ahí podíamos llegar. No había estado yo rastreando antaño tamaño ejemplar por toda la península helénica para que después acabara éste convirtiéndose en rana. Y menos de esa manera. Así que me vestí, di un brinco para salir por la ventana trasera y me encaminé raudo y veloz hacia Prado del Rey. Corrí tanto que ni siquiera me seguía mi sombra. El resto es ya conocido por ser historia televisada: delante de toda España exigí a mi mujer que se pusiera de una vez por todas en sus propios asuntos y por fin en su papel, además de no tolerar nunca más acciones o actitudes de personas que pretendiesen por la fuerza inmiscuirse en la vida que yo con gusto me había dado. Eso fue todo. Y si encima luego eso sirvió para matar dos pájaros de un tiro con el tema del 23 de febrero, pues miel sobre hojuelas. Por cierto, y como detalle anecdótico, sepa usted que fue Bárbara la que me redactó ese gran discurso, que la muy furcia escribía y aún escribe de forma portentosa.

-Me ha dejado absolutamente consternado, Su Majestad, ¿es consciente que este tipo de revelaciones pueden dañar seriamente su credibilidad si se hicieran públicas?

-Puede ser, pero es que nunca se me ha dado demasiado bien escribir mis propios discursos.

-No me refería exactamente a eso, Su Majestad, pero ya puestos, ¿quién le escribe los discursos de Navidad?

-Por supuesto Bárbara.

-¿Rey?

-¡Su Majestad, gilipollas!

-Su Majestad.

-¿Dígame?

-¿Quién le escribe los discursos de Navidad?

-Ya le he dicho que Bárbara.

-¿Rey?

-¡Su Majestad, gilipollas!

Llegados a este bucle surrealista di por finalizadas mis preguntas. Ya no lo soportaba más. Así que le golpeé levemente en la nuca para cortar su sedación hipnótica y poder salir de inmediato de la piscina. La situación ya no daba para más, no dejaba de ser una buena metáfora de lo que puede representar para un republicano el encuentro con un monarca: entrar vestido en su palacio para acabar saliendo en pelota picada. Aun así todavía me esperaba una última sorpresa del susodicho, que tras volver a su estado natural y cuando yo ya salía de la habitación climatizada volvió a dirigirse a mí.

-Espectacular, Arnau -tras echar una mirada a mi trasero-. Pero mañana que venga una fémina, por favor.

-No se lo tome a mal, Su Majestad, pero se puede usted ir directamente a tomar por el culo. Usted y su campechanía.

Y salí fuera a tomar aire fresco.

PD: si alguien se siente ofendido por lo aquí publicado quemo la entrevista y Santas Pascuas.

Anuncios

17 comentarios to “Entrevista a Su Majestad”

  1. maya said

    Zapatero es un tipo con un hemisferio del cerebro de derechas atrapado en un cuerpo democrático de izquierdas y asediado por un montón de descerebrados fascistas.

    Asín te lo digo.

    pd. tu entrevista en una terma desnudo con el monarca me impedirá dormir esta noche.

  2. Arnau said

    A Maya
    Pues sabes lo que te digo, Maya, que eres mucho mejor analista que el hijo de puta del Borbón.

  3. Evi said

    Hay que ver lo tonto que es y lo vivo que se andó protegiendo su estatus en el 23-F. Hasta aquí ha llegado (y lo que te rondaré) consiguiendo dar el pego (sobre sus valores democráticos) a no pocos ejpañoles. Y por el camino sa’forrao allanándoles también el atraco a los yernos.
    Aunque debo reconocer que esta entrevista hipnótica me ha proporcionado, sobre todo, la sorpresa por una opinión que comparto profundamente: la breve descripción de Felipe González.
    Felicidades por su agudeza termal, querido Arnau.

  4. Evi said

    Por cierto…¡¡¡visÇa el Alcorcón!!!
    (perdón por salirme del hilo, no quepo en mí de gozooooo!!!)XXDDDDDDDDDD

  5. Bastante preciso Arnau. Mucho mejor que las pelis que hicieron sobre el monarca. El rey es el típico cabrón con el que te tomarías un par de cañas. Aunque personalmente, demuestra más talante democrático de Rajoy y el Partido Pantojo, que son de perfil parecido. Esperemos que sea el último rey.

    Gracias por demostrarnos que lo que ven nuestros ojos está realmente ahí, Arnau.

    ¡Salud!

  6. Con Aznar de Presidente de la República nunca se hubiese producido el 4-0 de anoche en Alcorcón. Y dado el perfíl del votante ese y no otro sería el Jefe de Estado.

    ¡Viva la República! o ¿Viva la República?

  7. Arnau said

    Coño, Adrian, pues sabes que puedes tener razón, no había pensado yo en esto.

    Y aunque sea con la nariz tapada, ¡Viva la monarquía!

    • Coño que tampoco es eso. Hay que ver lo exagerao que es usté… Aunque pensando, pensando, eso de Holanda o Suecia o Dinamarca o Noruega o… no está tan mal después de todo.

  8. Fétido said

    Espectacular, Arnau.

    XDDDDDDDDDDDDDDDD

  9. DIOS (el genuino) said

    Eres el mejor entrevistador de España. Cualquier día te concedo una exclusiva.

    Además a campechanía, la mía!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: