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Carta abierta a un futuro etarra

Posted by Arnau en enero 17, 2009

Sí, tú aún formas parte de nosotros, estos complejos seres que en nuestra diversidad crecemos, nos desarrollamos y finalmente intentamos cohabitar en un entorno más o menos civilizado. Animales que por aclamación racional nos llamamos “seres humanos”. De lo que estoy plenamente convencido es que Ernest, Miguel Ángel, Francisco, Ignacio y todos los demás asesinados sí formaban parte de esta especie. Ahora ya no están, están muertos, los mataron. A otros como ellos los matarás tú, a ellos y a la diversidad que representan; justamente esa diversidad que tú algún día y en un contrasentido inmenso proclamarás defender.

 

Me pregunto cuándo te tragarás la razón y te convertirás en un vulgar asesino, en un loco salvador de la patria, en un patético juez del destino de la vida ajena. En que senda del bosque te asaltarán los charlatanes y predicadores para inocularte su mezquindad. Cuándo afilarás, hipnótico, por fin la fría hoja de la guadaña y empezarás a matar seres humanos. Me pregunto cuándo dejarás de formar parte de estos. 

 

Permíteme que en esas imposibles respuestas recuerde, por unos momentos y no sin cierta nostalgia, mi efervescente adolescencia, esa especie de transición Freudiana en la que intentaba desenredar mis angustias más vitales. Recuerdo que en esa época andaba trastabillado entre dos mundos que creía, equivocadamente, difíciles de converger: el primero consistía en esas inolvidables reuniones clandestinas en las que sesudos libros de historia me sumergían en la épica de la Corona de Aragón; el segundo, en las cervezas “Estrella” que me sumergían en la épica de la fiebre del sábado por la noche. El primero consistía en dar rienda suelta a mi activismo ideológico escuchando la música reivindicativa de mis cantautores catalanes preferidos; el segundo, en el descubrimiento de la música anglosajona de esos magníficos vinilos que giraban incesantemente, deslumbrándome, en mi reproductor. El primero consistía en la posibilidad de reencarnarme en un guerrero medieval para poder devolver de una tacada todas las ofensas a mis héroes patrios, ajusticiando así a los castellanos por su participación en la guerra “dels segadors”, a las tropas borbónicas por su despiadado sitio en Barcelona y también al hijo de puta de Franco por amordazar las libertades sociales, la cultura y la lengua catalana durante gran parte del siglo XX; el segundo, en seguir soñando con ella, en sus labios, en esa noche compartida y en nuestro inolvidable primer beso robado.

 

Creo que no hace falta decirte que mis andanzas guerreras fueron los únicos mundos oníricos que no se cumplieron. Afortunadamente descubrí que el resto eran perfectamente susceptibles de sazonar y compatibilizar. Es probable que llegar a esa conclusión me ayudara simplemente mi carácter pacífico, o tal vez que influyera en ello también la ilusión de alcanzar por fin la mayoría de edad, aunque estoy convencido que fue mi primer viaje en tren por el viejo continente el que decidió mi posición, el que me proporcionó mi sensatez, el que hizo darme cuenta de mi error, porque fue exactamente en ese periplo iniciático en el que topé amargamente con la esquizofrénica dualidad del hombre, esa que estaba representada perfectamente por la majestuosa arquitectura de París, pero también por la sinrazón y bestialidad de un muro en Berlín; esa que estaba perfectamente representada por la estremecedora belleza renacentista de Florencia, pero también por el odio en ciernes de una guerra a punto de estallar en Zagreb. Definitivamente en ese viaje percibí que la humanidad, en su paroxismo, se encuentra constantemente en la contradicción de la belleza y la brutalidad, entre la razón y la irracionalidad. Y a mí esta experiencia vivida me ayudó en la disyuntiva a la hora de escoger. Me ayudó en mi disyuntiva a la hora de ser.

 

Y créeme que jamás tuve la sensación de traicionar ni a mi historia ni a mi cultura, simplemente elegí lo que creía correcto y lo que un joven, ya entonces, sólo podía permitirse considerar digno.

 

Porque ten por seguro que al ser humano siempre le quedará París, Florencia y Ernest, Miguel Ángel, Francisco e Ignacio, las cervezas “Estrella”, los vinilos y la épica. Porque ten por seguro que al ser humano siempre le quedará ella, sus labios y su inolvidable beso robado.

 

Me pregunto qué te quedará a ti. La respuesta es descorazonadora para nosotros, desoladora para ti: un desangelado día por la mañana, un muro, la brutalidad, pólvora en las manos y una esquina cualquiera de una calle cualquiera para huir, para correr.

 

Lamentablemente tú matarás por tu patria. Yo solamente lucharé por ella.

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3 comentarios to “Carta abierta a un futuro etarra”

  1. Fétido said

    Si fuesen capaces de leer el texto íntegro -que no, dado que para ello se precisa de un cerebro- y entender lo que en él se dice, a lo mejor alguno salía de su cueva y descubría que hay un mundo.
    Have no hope.

  2. Triste pero cierto, Fétido tiene razón. Pero, ¿quién les robó el cerebro?

  3. Queralt said

    Añadir más palabras a las tuyas, sería un error y casi de mala educación así que, sólo diré que estoy absolutamente de acuerdo con cada una de ellas.
    También estoy de acuerdo con Fet, no tienen cerebro.

    Queralt.

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