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¿Quién zancadillea a Rajoy?

Posted by Arnau en julio 5, 2008

La otra noche tuve un sueño. O una pesadilla.

Eran las 9 de la mañana y me encontraba solo, en un bar, sentado en una mesa repleta de porras, churros y cafés con leche. Una rápida mirada a través de la ventana me hizo contemplar dos enormes letras coloradas que se encuentran en el edificio del partido popular, ése que está ubicado en el número 13 de la calle Génova en Madrid. No tenía ninguna duda, estaba en la capital del reino.

Tomé el último sorbo de café y me fui sin pagar. Con dos cojones. Supongo que la desorbitada exhibición de madridismo por parte del camarero cuando supo este de mi procedencia tuvo la culpa. En un solo gesto tenía que resumirle que todos los tópicos que otorgan a los catalanes son ciertos. Me levanté y eché a correr. No es cuestión de llevarles la contraria. Y menos en territorio hostil.

Recuperado el aliento me preguntaba qué coño hacía yo una mañana de primavera delante de la sede del partido popular. No me lo pensé dos veces, estaba claro, era en una misión de escudriñamiento del alma ultra del partido. Era el designado para ser el arcángel que revelara a la opinión pública quien era el gran titiritero que mueve los hilos de esa corriente que zancadillea a Rajoy y le impide virar su nave hacia el centro. En resumen, descubrir quien cultiva la carcoma más liberal, conservadora y reaccionaria del partido popular, esa misma que le hace ganar a Zapatero elección tras elección.

Mi nariz se olía que en algún rincón secreto del edificio se maquinaba toda la trama. Muy posiblemente en sus catacumbas.

Mi primera dificultad era tratar de sortear la primera barricada de individuos apostados delante de la puerta del edificio sin pérdidas humanas (la mía). Y es que a pesar de su aspecto nonagenario se trataba de verdaderos energúmenos vehementes portando grandes pancartas ininteligibles y gritando incendiarias soflamas contra Rajoy. Tenía claro que en este caso la violencia no conducía a ninguna parte, había que usar la inteligencia. Me disfracé. Atravesé las líneas enemigas con montera, capa roja y gualda, crucifijo en el cuello y un periódico El Mundo bien visible en el sobaco, a la par que les saludaba enérgicamente con la mano derecha en la sien al estilo militar.

-¡Arriba Ejpaña!- les llegué incluso a gritar, desbocado en mi papel.

-¡¡¡Arrribaa!!!- Me contestaron todos al unísono, acompasando su chillido con el brazo en alto.

Después de devolverle la dentadura a uno de ellos entré directamente en el edificio para toparme de bruces con el guardia de la entrada, un gorila de mucho cuidado. Automáticamente mi sagacidad me hizo observar en él unos apéndices auditivos descomunales, nunca vistos. Fugazmente pensé que tamaños orejones no podían estar allí de casualidad, que tamaña excreción de cerumen era algo más que una visión repulsiva. Estaba convencido que eran una pista. Entonces se hizo el milagro, el sujeto me miró mi vestimenta, me sonrió y me pico el ojo a la vez que me susurraba al oído: “¿Contraseña?”.

Supongo que mi atuendo le hizo confundirme con otra persona, o tal vez no, puede que simplemente el verme pasar a través de los ancianos sin herida alguna creyera que era uno de ellos, uno de los ultra liberales que quieren descabalgar a Rajoy. Vacilé unos segundos, tragué saliva y sin dejar de fijarme en sus churretosos pabellones acústicos desembuché lo primero sensato que se me ocurrió: “Extraordinaria placidez”.

Instantáneamente el gorila me abrió la puerta de una de las taquillas del  guardarropía y con un rápido gesto mandibular me invitó a entrar. Sin dudarlo me introduje rápidamente, llegando de un brinco a una habitación oscura. Muy oscura. No me veía ni las extremidades inferiores. A los pocos minutos, cuando la situación empezaba a ser insostenible y mi agonía era ya una desesperación cruel de arrepentimiento una solemne voz en off me preguntó: “Nombre y procedencia”.

-Arnau, el catalán- Así, de un tirón, le contesté.

De golpe saltaron las alarmas y empezó la fumigación. Siempre he pensado que es preferible quedar pringado de raticida por culpa de tu procedencia que ser gaseado como en Auschwitz.

Untado hasta el tuétano se abrió una puerta del fondo de la habitación oscura y entró por ella un halo de luz y de esperanza. Conducía a un pasillo estrecho y largo que llegaba directamente hasta otra puerta a la que mi vista de lince llegó incluso a divisarle un letrerito: <Sala de la dirección ultra>. La suerte me sonreía. Estaba en el buen camino.

Una vez ya en el pasillo la voz en off me volvió a espetar: “Arnau, el director está reunido con sus colaboradores, tendrá que esperar para entrar. Siga caminando hasta la puerta de dirección y no llame hasta que todos hayan salido, alomojó”. Esta vez le asentí con la cabeza. Sin más. Si nunca me ha gustado hablar con el contestador telefónico no tendría que hacerlo ahora tampoco con una voz en off. Y menos si esta era la responsable de mi humillante baño viscoso.

Al cabo de unos instantes empezaron a salir personajes de la sala de dirección. El primero en cruzarse conmigo fue un elegante hombre de color negro que vestía túnica blanca bordada y gorro claro. Mi gran experiencia en política internacional me hizo reconocerlo en seguida. Se trataba de Yahya Jammeh, presidente de Gambia, el mismo que recientemente ha declarado que “Gambia es un país de creyentes y las prácticas pecaminosas e inmorales como la homosexualidad no se toleran. Cortaremos la cabeza de los gays que sean cazados en Gambia”. Detrás de él salió el presidente de la Conferencia Episcopal, otro que ha proclamado algo semejante pero en España y con sotana negra. Poco después desfilaron en una ristra inacabable personajes ultra de la altura internacional de Ynestrillas (franquista), Vidal Quadras (vampiro), Mayor Oreja (el de la contraseña plácida), Acebes (legionario de Cristo), Zaplana (el de la voz en off, lo de la telefónica era lógicamente una tapadera), María san Gil (sin pecado concebido), Rosa Diez (con pecado concebido), el peluquero de la AVT (mal concebido), Peón negro (sin cerebro concebido), Pio Moa y Biggie Vidal (conciben “historias”), Luis del PPepino y Pedro Chota (conciben paranoias), el Mandril (el odio concebido) y finalmente Juan Costa (el cebo).

Que fauna y flora, pensé.

Todos se fueron cantando y fornicando a lo largo del pasillo hasta llegar a una recóndita y escondida puerta que ponía EXIT. Supongo que no fueron vistos a su salida por ningún periodista ni por civil alguno. El repaso mental de esa procesión de homínidos que ni me habían departido palabra me indujo a la perspicaz conclusión de que José Mari el melenas y Esperanza no se habían cruzado en mi camino, precisamente los dos con más papeletas para dirigir el cotarro. Justo en ese mismo momento de catarsis analítica se abrió la puerta de un porrazo saliendo de ella la lideresa con una sonrisa de oreja a oreja y con las bragas en la mano. Me miró con el blanco de los ojos y me balbuceó exhausta: -Ya puedes pasar, el líder te está esperando en su despacho-. Y prosiguió su cortejo erótico hasta la puerta del EXIT.

Golpeé con los nudillos levemente en la puerta. “Pom!Pom!”

-¿Se puede pasar? -dije con un hilillo de voz temblorosa. Está claro, aunque lo desprecies, que no siempre estás en la vida cara a cara con el posible criminal de la foto de las Azores. Y menos, como parecía, para una orgía española.

-Adelante -me respondieron con voz segura desde dentro de la habitación.

Sin reflexionarlo entré en la sala no sin antes cerrar la puerta detrás de mí, no fuera que volviera Esperanza con más ansias de gresca. La sala era espaciosa, enorme diría yo. Demasiado para la única mesa de escritorio que se alojaba en un rincón de la habitación, la misma que estaba iluminada simplemente con la luz de un flexo de sobremesa. Estaba nervioso. Por fin podría avistar la efigie del director de la tramoya. Por fin le quitaría la máscara a esa faz que todo el mundo anhela conocer.   

Me fui acercando a esa mesa donde se encontraba el personaje, dándome la espalda, tranquilamente sentado en su silla giratoria.

Paso a paso avancé hasta llegar a un par de metros de él. En ese instante empezó a darse la vuelta, lentamente, como quien sabe que va a sorprender, y a la vez que él me entregaba la visión de todo el plano de su rostro yo me iba desplazando hacia atrás, como si no creyera lo que estaban viendo mis ojos, como si estuvieran vislumbrando un espejismo, como si la luz blanca del flexo me descubriera el lado oscuro de la luna; la percepción de un muerto.

-Hola Arnau, no te crees lo que estás viendo, verdaz -me dijo él con voz grave y arqueando aún más sus inconfundibles cejas.- No te preocupes por ellos porque no saben lo que hacen. El sexo sólo es para retenerlos juntos y subyugados. Tranquilo, déjalos marchar para que divulguen sus rancias ideas, para que sigan explicando a la sociedad española sus homilías odiosas, sus añejos razonamientos y sus sexistas planteamientos -refiriéndose a esos tarados que anteriormente habían salido del despacho. -Ahora, vete en paz- finalizó solemnemente haciéndome el signo masón.

Justo en ese mismo momento sonó con estruendo el despertador. Sudoroso y con unas pulsaciones dignas de haber corrido una carrera de 3.000 metros obstáculos me quedé recostado en la cabecera de la cama, sin respiración. Agotado.

Finalmente lo entendí todo. No podía ser de otra manera. Tenía que ser él y no otro quien cultivaba la carcoma más liberal, conservadora y reaccionaria del partido popular, esa misma que hace ganar a Zapatero elección tras elección.

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3 comentarios to “¿Quién zancadillea a Rajoy?”

  1. Jm_64 said

    jajaja, al fin te has decidido Arnau. Ahora esperemos que taradín (and cia) no venga a tocar las narices demasiado. Suerte en tu aventura llena de humor y ácida realidad. A mi particularmente me encanta. Estaremos atentos 😉

  2. Arnau said

    Un plaer Jm_64. Tu em vas donar la idea.

  3. Ulises said

    Daba palo leer hasta el final pero he aguantado, haha, me he reído y mucho. sobretodo con lo de el signo masón, hahaha!

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