Arnau

Almacén de relatos olvidables

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A enemigo que huye, puente de plata

Posted by Arnau en noviembre 11, 2019

 

Hasta luego, LUCAS!

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Reflexió sobre el tsunami democràtic

Posted by Arnau en octubre 17, 2019

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Lo puto crack

Posted by Arnau en agosto 11, 2019

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Fins sempre, Rutger, replicant etern

Posted by Arnau en julio 24, 2019

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá del hombro de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

 

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Filosofía Barça?

Posted by Arnau en mayo 26, 2019

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Fins sempre, Peter Mayhew

Posted by Arnau en mayo 3, 2019

 

 

Peter Mayhew, l’actor anglès que va interpretar Chewbacca a les pel·lícules de ‘Star Wars’, va morir aquest dijous als 74 anys a la seva casa de Texas, segons ha informat la família a través d’un comunicat. Mayhew va crear un dels personatges més emblemàtics i estimats pels fans de la saga galàctica, la criatura peluda de més de dos metres que acompanya Han Solo en els seus viatges amb el Falcó Mil·lenari.

 

En el seu vestit de ‘wookie’, Mayhew ni tan sols necessitava memoritzar diàlegs. El característic crit de la criatura era una creació del departament de so de la pel·lícula. L’actor anglès bromejava que per aconseguir el paper, l’únic que havia hagut de fer en l’entrevista amb George Lucas va ser posar-se dempeus. El director de ‘Star Wars’ estava buscant un actor alt per interpretar la criatura i els 2,21 metres de Mayhew van ser el seu millor currículum. Així, acabaria interpretant Chewbacca a ‘La guerra de les galàxies’, ‘L’imperi contraataca’, ‘El retorn del Jedi’, ‘La venjança del Sith’ i ‘El despertar de la Força’, però a partir d”Els últims Jedi’ els seus problemes de salut l’obligarien a passar el relleu al jugador de bàsquet i actor Joonas Suotamo.

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Jason Mcelwain

Posted by Arnau en abril 3, 2019

1 de octubre de 1987. Nace en Rochester, Nueva York, Jason McElwain. Casi desde el primer día presenta problemas en el desarrollo; le cuesta mucho relacionarse con su entorno, tiene conductas inusuales, y hasta los cinco años no comienza a hablar. Efectivamente, padece autismo.

Por eso, para él el hecho de convertirse en el delegado del equipo de baloncesto de su instituto, el Greece Athena High School, ya era todo un premio. Le permitía de alguna manera seguir enrolado a su gran pasión, y poco le importaba que durante tres años se dedicara exclusivamente a ayudar a entrenadores y jugadores; preparar las toallas y las bebidas; siempre pendiente de las fichas o de las estadísticas del equipo; siempre presto para ayudar en el entrenamiento si hacía falta un jugador. Siempre puntual en todos los entrenos y partidos. Con eso, McElwain era feliz. Se sentía parte del equipo, aún sin jugar.

Ese mismo trabajo cada día durante tres años. Hasta que, en el último partido y a petición de los propios jugadores, sus compañeros, el entrenador Johnson decidió darle unos minutos en pista. Concretamente, los últimos cuatro. Un premio a sus tres serviciales años, en el último día de su vida dentro de un equipo de baloncesto.

Nadie podía creerlo

La ovación cuando entró en la cancha, con el número 52 en su camiseta y una cinta en el pelo, fue atronadora. Compañeros, rivales y aficionados rompieron en unos aplausos más que merecidos. Faltaban cuatro minutos de partido. Nadie, absolutamente nadie, podía esperar lo que estaba a punto de acontecer.

Al primer balón que recibió no se lo pensó: intentó un triple que no tocó ni aro. Daba igual, era su momento, su sueño, la ilusión de toda una vida rodeada de complicaciones, y nadie iba a arrebatárselo. Por eso, al siguiente balón que tocó, volvió a tirar. De tres. Y encestó. Los jugadores saltando al unísono para celebrarlo. Gritos en la grada. También lágrimas. El sueño no era un sueño, era una realidad. Y qué bonita.

Pero para McElwain eso no iba a terminar ahí. Qué va. En la siguiente jugada volvió a jugarse otro triple, y volvió a entrar. Y pocos segundos después, otro más. Tres en menos de un minuto. Sus compañeros estaban en éxtasis. Los aficionados tenían que frotarse los ojos para creer lo que estaban viendo.

McElwain seguía igual. Otro triple. Ya van cuatro. La grada comenzó a corear su nombre. Por unos minutos, era el ídolo, el jugador que siempre quiso ser y por fin estaba siendo. El baloncesto le estaba devolviendo todo lo que él le había dado. Y qué ‘gustazo’.

Mientras la emoción no paraba de crecer, McElwain, como tocado por un don divino, no paraba de anotar. Otro triple. Y una canasta de dos. Y otro triple. Increíble. 20 puntos en cuatro minutos. Nada mal para un chico autista que jugaba sus primeros minutos de baloncesto escolar en su vida.

En cuanto terminó el choque todos, jugadores, rivales, entrenadores y directivos, se fueron corriendo hacia él. Todos querían felicitarle. Todos querían abrazarle. Emocionado, de repente se vio subido a los hombros de un compañero, de un amigo, y dando la vuelta al pabellón, mientras todos rompían en abrazos. No pudo contener las lágrimas. Pero esta vez eran de alegría, de orgullo. El silencioso niño con tantos problemas para relacionarse era de repente un héroe.

Sentirse normal, uno más

Al día siguiente, era la estrella en todos los medios, todas las televisiones, todo el planeta. Todos querían contar la historia, una historia de superación, y de cómo a pesar de las adversidades, los sueños se pueden cumplir. Están para cumplirse. Debbie, su madre, relató mejor qué nadie qué se sentía en aquellos momentos. Dónde estaba el alcanza de aquella hazaña. “Yo veo el autismo como el muro de Berlín y Jason lo ha roto”.

Tras ese fulgurante e imborrable éxito, no volvió a jugar a baloncesto. Actualmente, compatibiliza sus estudios con un trabajo a media jornada en un mercado de alimentos, y colabora en la recaudación de fondos para la investigación del autismo, mediante charlas y conferencias en Estados Unidos. Contando su historia de superación, y de sentirse integrado en un equipo de baloncesto escolar.

Pero cuando McElwain cuenta su historia, su cuento, no resalta que fuera un partido apoteósico, ni que hubiera metido seis triples seguidos. Ni siquiera presume de haber recibido el premio que la ESPN concede al mejor momento deportivo del año, o de compartir homenajes desde entonces con personalidades como Magic Johnson. Para el joven autista, lo mejor de aquel día, de aquel emotivo día, fue que, por un momento y para siempre, es uno más.

 

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Un exemple, a l´atzar, de colònia extractiva

Posted by Arnau en abril 2, 2019

https://twitter.com/bsilanes/status/1112767922659823617/video/1

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Spaghetti alla pescatora

Posted by Arnau en marzo 1, 2019

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PUTA EJPAÑA

Posted by Arnau en febrero 11, 2019

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