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Entrevista a Su Majestad

Publicado por Arnau en Octubre 27, 2009

Aunque me dejen exhausto reconozco que le he cogido gusto a las entrevistas hipnóticas. Así que seguí con ellas. Esta vez buscaba un personaje más accesible, menos barroco, algo más campechano y no tan hijo de puta. Más que nada para desengrasar. Por lo que no lo dude dos veces, y haciéndome pasar en esta ocasión por masajista (la mayoría de inducciones hipnóticas incluyen sugerencias para la relajación, la calma y el bienestar) me dirigí en una bonita mañana otoñal y sin complejos directo a la casa Real.

-Buenos días, soy Arnau, el nuevo masajista -dirigiéndome al mayordomo después de llamar a la majestuosa puerta principal.

-No lo esperábamos hasta mañana, pero en fin, el monarca no desprecia nunca un buen masaje. Pase usted a la piscina termal, al fondo a la izquierda. Creo que ahora mismo se está dando el baño matutino de cada día -me dijo mientras me indicaba con delicadeza el trayecto a seguir.

Hay que aceptar que pocas veces se está delante de un monarca desnudo y menos para suministrarle un buen masaje, por lo que estaba un poco atribulado, más que nada porque no tengo ni puta idea de darlo. Así que cuando delante de mí y desdibujado dentro de una espesa bruma de agua caliente me encontré al ser más campechano de toda España y dicen personaje clave de nuestra historia contemporánea el impacto fue poco menos que emocionante. Por qué no admitirlo. Inspiré profundamente y me dirigí de forma cortés al monarca.

-Buenos días, señor monarca, mi nombre es Arnau y vengo a realizarle su masaje estimulante -acerté a decirle con un hilo de voz apenas perceptible y visiblemente acongojado.

-Es usted nuevo en estos menesteres, verdad. Deje la ropa en esa silla y ya puede entrar en el agua -me contestó con esa voz grave y varonil tan característica.

-No llevo bañador, mi señor -le contesté humillándome y a punto de perder los papeles.

-No se preocupe, Arnau, nadie entra con bañador en mi piscina. No se apure.

No había llegado hasta allí para echarme atrás, así que ruborizado hasta el ombligo me quité la ropa, la deposité encima de la silla y completamente desnudo me dispuse a entrar en el agua. Antes de introducirme, pero, el monarca me miró y se dirigió a mí: “espectacular, chaval”, mientras una media sonrisa de mi parte agradecía su observación espontánea. Hay que reconocer que el muy puta sabe cómo tratar a la gente para hacerla sentir mejor. Sin más demora y ya dentro del agua me coloqué detrás de él, a su espalda. Esta vez la inducción hipnótica sería fácil. Simplemente tenía que rodear su cuello con mis manos, apretar ligeramente durante algunos segundos, y así poder menguar la entrada de oxigeno hasta conseguir la relajación. Estrujé y, afortunadamente, funcionó. No me lo podía creer, me encontraba desnudo dentro de una piscina termal con un monarca jovial y cordial, medio sedado e hipnotizado y en pelotas como yo. Estaba contento, todo iba hasta el momento de cojones, y me prometí ya no dejar escapar a la presa.

-Me permite, señor monarca, y mientras le realizo el masaje, tener una conversación con usted para hacer más agradable la sesión.

-Por supuesto, Arnau, aunque si no le importa, aldeano palurdo, cuando se dirija a mí me llama de “Su Majestad” -dijo con un tono muy distinto al anterior, como bastante más impertinente y estúpido. Más borde. Desgraciadamente parecía que la sedación hipnótica le había quitado la careta. La vida en realidad no deja de ser una caja llena de sorpresas. Pese a ello entré al trapo.

-Existen ciertos rumores de que alguna de sus hijas es, desgraciadamente, algo retrasada, ¿qué hay de cierto en ello, Su Majestad?

-No es cierto, en absoluto. La hija mayor, que supongo es a la que se refiere, tiene incluso la carrera de ingeniería aeronáutica. Mire, realmente la retrasada es la griega. Y no, no se preocupe, la escogí a conciencia. No me importó ni tan siquiera el tener que cruzar casi medio mundo para encontrar tal espécimen. Fíjese bien, el plan era tener una esposa que no molestara en exceso, que se mantuviera callada, sumisa, que no preguntara demasiado y que apenas estorbara mis andanzas. E incluso y gracias a la publicidad que pareciese a ojos de los españoles también extremadamente culta y refinada. Y tendrá que convenir que el engaño ha ido siempre de perlas, aun y pequeños problemas como la publicación del libro de Pilar, que la muy gilipollas casi nos desmorona todo el castillo de naipes construido. Al final salvamos el asunto por los pelos.

-Es increíble lo que puede hacer el marketing, verdad. Vaya sorpresa. Entonces y por lo que me explica, ¿qué coño significa para usted España para tener que actuar de esa manera, Su Majestad?

-No dar un palo al agua, un sueldo que te cagas, navegar en Mallorca y follar de la hostia.

-No podría ser un poco más delicado, Su Majestad. No es por nada pero me ofende algo su vocabulario.

-Vacaciones de once meses, una esplendorosa retribución económica, hacer mucho deporte y fornicar cuando me plazca. ¿Así le vale, mojigato de los cojones?

-No se me sulfure, Su Majestad, usted sabrá. Entrando ya en asuntos algo más trascendentes, creo recordar que en su alegato póstumo a Franco usted declaró que el dictador fue una “figura excepcional que entraría en la historia y que su nombre sería para siempre un jalón del acontecer español y un hito al que sería imposible dejar de referirse para entender nuestra vida política contemporánea”. Creo que también pidió para él “respeto y gratitud a la hora de recordar la figura de quien durante tantos años asumió la pesada responsabilidad de conducir la gobernación del estado”. Analizada esta patética y cursi diatriba, Su Majestad, me pregunto si estaba por esos años tan cogido por los cojones como da a entender ese desecho de mierda o por el contrario creía firmemente en lo que decía.

-Y a mí que me cuenta, era lo que estaba escrito en el papel.

-¿También estaba escrito en el papel, Su Majestad, el juramento que hizo a Dios y a los Santos Evangelios para hacer cumplir las Leyes Fundamentales del Reino y guardar lealtad a los principios que informaban el Movimiento Nacional?

-Coño, y que hubiera hecho usted en mi lugar. Le tengo que recordar acaso de que yo en esa época ya era padre de familia. No cree usted que tenía que velar por mi futuro, leches. Además, ¿usted se quedó con las caras de los diputados que estaban en el parlamento el día de mi coronación? Parecían un pelotón de fusilamiento de la Gestapo. Lo siento pero no tengo ni he tenido nunca vocación de mártir.

-Pudo haberse dedicado a otra cosa, Su Majestad, hay multitud de profesiones que dignifican a un ser humano a la hora de sostener a una familia.

-Puede ser, pero para eso hay que trabajar. Mire, es verdad que es criticable que nos agenciemos parte de los presupuestos del estado para después no dar ni golpe, pero no se olvide que a cambio de esta pequeña porción de emolumentos públicos, multitud de personas tales como periodistas, fotógrafos, paparazzi, psiquiatras, guardaespaldas, prostitutas, niñeras, jardineros, traficantes, terroristas, Jaime Peñafiel y un sinfín de profesionales liberales viven como nosotros también de la sopa boba. Una cosa por la otra, no cree.

-Hombre, pues mirado así, casi que tiene usted razón. Pero cambiando ya de tercio, Su Majestad, usted que ha despachado con todos los presidentes de la democracia, qué opinión le merece, y para no faltar al orden cronológico, don Adolfo Suárez. Sea escueto por favor.

-Intentaré serlo. Diremos que Adolfo fue un tipo con cerebro democrático atrapado en un cuerpo de fascista.

-Leopoldo Calvo-Sotelo.

-¿Quién es ese?

-Nadie, no importa. Felipe González.

-Un tipo que empezó con cerebro y cuerpo democrático y que finalizó con un cerebro y cuerpo de fascista.

-José María Aznar.

-Un tipo con cerebro fascista atrapado en un cuerpo democrático.

-Y para rematar, ¿qué opinión tiene acerca de José Luís Rodríguez Zapatero?

-Un tipo con cerebro y cuerpo democrático asediado por cerebros y cuerpos fascistas.

-Pues no voy a ser yo quien le contradiga, Su Majestad, creo que es lo único sensato que ha dicho a lo largo de la entrevista. Iremos ya acabando. No podríamos finalizar, sin embargo, sin hablar del célebre golpe de estado ocurrido el 23 de febrero de 1981. Usted, en el famoso discurso televisado a toda la sociedad española proclamó “que la Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la Patria, no podía tolerar, en forma alguna, acciones o actitudes de personas que pretendían interrumpir por la fuerza el proceso democrático y constitucional que nos habíamos dado”. Sepa usted, Su Majestad, y creo representar la opinión de todos los españoles, que ese acto tan heroico y hermoso contra el fascismo sólo puede ser para siempre agradecido. Muchísimas gracias.

-Bueno, bueno, no vaya tan rápido a la hora de sacar tamañas conclusiones. A mí si se instalaba el fascismo o no me la traía absolutamente al pairo. Lo único que pasa es que en esa frase hay un pequeño error de sintaxis que a la postre resultó ser la llave de todo el asunto. Mire, lo que en realidad proclamé fue que no podía tolerar acciones de personas que pretendiesen interrumpir por la fuerza el proceso democrático “que yo me había dado”, que es muy distinto. Se lo voy a explicar para que incluso usted lo pueda comprender: la misma noche del golpe coincidió que yo estaba, como de costumbre, en casa de Bárbara, charlando y tomándome unas copas. Tan ricamente, ya sabe. Y como comprenderá esta situación a la Reina le disgustaba de manera profunda y obsesiva. Porque sí, puede que sea algo tonta y simplona, pero también tiene su corazoncito. Pues resulta que en esa ocasión a mi esposa no se le ocurrió nada más, es verdad que sumida en una enajenación supina, que la de mandarme dos guardias civiles con tricornio para que me sacaran a patadas e incluso a rastras de la verbena allí organizada. ¿Se imagina usted menudo desvarío? Y hasta ahí podíamos llegar. No había estado yo rastreando antaño tamaño ejemplar por toda la península helénica para que después acabara éste convirtiéndose en rana. Y menos de esa manera. Así que me vestí, di un brinco para salir por la ventana trasera y me encaminé raudo y veloz hacia Prado del Rey. Corrí tanto que ni siquiera me seguía mi sombra. El resto es ya conocido por ser historia televisada: delante de toda España exigí a mi mujer que se pusiera de una vez por todas en sus propios asuntos y por fin en su papel, además de no tolerar nunca más acciones o actitudes de personas que pretendiesen por la fuerza inmiscuirse en la vida que yo con gusto me había dado. Eso fue todo. Y si encima luego eso sirvió para matar dos pájaros de un tiro con el tema del 23 de febrero, pues miel sobre hojuelas. Por cierto, y como detalle anecdótico, sepa usted que fue Bárbara la que me redactó ese gran discurso, que la muy furcia escribía y aún escribe de forma portentosa.

-Me ha dejado absolutamente consternado, Su Majestad, ¿es consciente que este tipo de revelaciones pueden dañar seriamente su credibilidad si se hicieran públicas?

-Puede ser, pero es que nunca se me ha dado demasiado bien escribir mis propios discursos.

-No me refería exactamente a eso, Su Majestad, pero ya puestos, ¿quién le escribe los discursos de Navidad?

-Por supuesto Bárbara.

-¿Rey?

-¡Su Majestad, gilipollas!

-Su Majestad.

-¿Dígame?

-¿Quién le escribe los discursos de Navidad?

-Ya le he dicho que Bárbara.

-¿Rey?

-¡Su Majestad, gilipollas!

Llegados a este bucle surrealista di por finalizadas mis preguntas. Ya no lo soportaba más. Así que le golpeé levemente en la nuca para cortar su sedación hipnótica y poder salir de inmediato de la piscina. La situación ya no daba para más, no dejaba de ser una buena metáfora de lo que puede representar para un republicano el encuentro con un monarca: entrar vestido en su palacio para acabar saliendo en pelota picada. Aun así todavía me esperaba una última sorpresa del susodicho, que tras volver a su estado natural y cuando yo ya salía de la habitación climatizada volvió a dirigirse a mí.

-Espectacular, Arnau -tras echar una mirada a mi trasero-. Pero mañana que venga una fémina, por favor.

-No se lo tome a mal, Su Majestad, pero se puede usted ir directamente a tomar por el culo. Usted y su campechanía.

Y salí fuera a tomar aire fresco.

PD: si alguien se siente ofendido por lo aquí publicado quemo la entrevista y Santas Pascuas.

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Años de grandes recuerdos.

Publicado por Arnau en Octubre 8, 2009

La noche ensombrecía el exterior, y sentado en mi bar predilecto de Madrid aproveché para echar un vistazo a mi alrededor: delante de mí y con las piernas entrelazadas se encontraba una dama de facciones y edad inconfesables que apuraba tranquilamente el último sorbo de café. Amargo y negro. Ella me miró, y con la cara coloreada esbozó una sonrisa como sólo lo pueden hacer las mujeres rotas de arriba a abajo, sin alma. Le aparté la mirada y observé al hombre que se encontraba justo detrás de mí, elegante, formal y muy bronceado, y que no dejaba de abrazar un maletín color gris con el anagrama Franck Muller gravado en letras de plata mientras mostraba sin pudor un brutal reloj de esfera rosada montado en su muñeca. En la mesa del fondo se hallaba una mujer estilosa que acicalaba su pelo sano y claro. Era consciente de que era observada, pero no le importaba. Sabía perfectamente que una preciosa mujer jamás puede pasar inadvertida, y mucho menos cuando ésta portea cinco bolsos de cuero blanco de enormes dimensiones y de lujo, excesivos. Finalmente mis ojos se toparon con un hombre serio y maduro que, emperifollado de azul oscuro y con el pelo engominado, se encontraba sentado junto a mi mesa bebiendo un gran vaso de Coca-Cola baja en calorías y ojeando un magnífico catálogo del vehículo “Infinity FX50″ retratado en la portada.

Miré la hora, encendí un pitillo y me dispuse a pagar al camarero que deambulaba cansado por el establecimiento, recogiendo hastiado las últimas copas antes de cerrar. Y me levanté. Casi al unísono lo hicieron la puta, el pavo de los pelucos, la rubia de los bolsos y el director del concesionario de lujo. Y todos me siguieron, sin aspavientos ni dilaciones, hacia el exterior. La noche era calmada y fría, iluminada por una vaga luz de neón trémula que caía desperdigada a través de la arboleda. Pero era tarde y teníamos que apremiar. Por fin el semáforo de peatones se puso en verde y pudimos cruzar como sólo las sombras negras lo saben hacer en las películas de Tarantino. Don Mariano seguro que ya nos aguardaba fumando y abstraído en su despacho, como siempre y sin sumarios. Solamente se trataba de negocios.

¿Mi nombre? Por favor, les agradecería que me llamaran don Vito.

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Entrevista a don Mariano.

Publicado por Arnau en Septiembre 24, 2009

Después de sufrir unas cruentas y creo desproporcionadas críticas a consecuencia de mi entrevista hipnótica al ex presidente Ansar, en las que me acusaban sin tapujos de utilizar unos métodos semejantes a los que Heinrich Himmler aplicaba en sus experimentos macabros a prisioneros polacos, rusos y judíos en general, un par de dudas existenciales me sobrecogieron con saña: una de ellas era expiar mis culpas provocando mi propio destierro –la cual consideraba extremadamente exagerada y propia de épocas ya remotas-, y la otra era proseguir “sostenella y no enmendalla” con esas mismas experiencias periodísticas con el firme propósito de no dejarme amedrentar por nada ni por nadie.

Finalmente escogí -con un par de huevos- la segunda opción, como no podía ser de otra manera. Curiosamente mis dudas empezaron a la hora de seleccionar a mi siguiente entrevistado, porque aunque tenía meridianamente claro que se trataría de una alta celebridad de la carcunda española, mi cerebro fluctuaba indeciso entre dos sujetos de esa misma calaña: doña Curry Valenzuela y don Mariano. Sí, reconozco que ambos son vacuos e inconsistentes, un tanto antropoides y bastante toscos, pero es que no hay más en la viña del Señor. Al final, y por pura higiene intelectual, preferí a don Mariano. También contribuyó para ello, no lo voy a negar, una curiosidad más banal y lucrativa, esa que deseaba con fervor desenredar de una vez por todas el rumor español más ansiado y codiciado de la historia: saber la orientación sexual de don Pimpón; si es maricón, vamos.

Haciéndome pasar otra vez por periodista de FAES –si me funcionó una vez por qué no repetirlo- concertamos sin más dilaciones una entrevista en la Suite Real del Hotel Ritz de Madrid, el curioso lugar de cabecera de casi todos los eventos del partido popular. Llegué oportunamente a la hora establecida, y tras saludar efusivamente al guardaespaldas que custodiaba el pasillo, entré en la suite en la que ya me aguardaba presto y almidonado don Mariano. Le saludé con disimulada veneración para sentarnos a continuación en un par de sillones suntuosos preparados para tal evento.

En esta ocasión -puede que por las críticas recibidas- no quería ser excesivamente violento a la hora del proceso hipnótico, por lo que opté por una técnica mental muy recurrente en el mundo de la fauna, sobre todo a la hora de sensibilizar a gallinas, pavos y demás animales plumíferos, que en el caso del personaje en cuestión me iba realmente a huevo. Se trataba de contraer muscularmente al sujeto para cortarle momentáneamente la entrada de aire, invertirlo sobre su dorso y abandonarlo finalmente en dicha posición mientras durase la hipnosis, pero ante la evidente imposibilidad de ejecutar tal maniobra no se me ocurrió otro planteamiento que propinarle un certero y agudo puntapié entre su escroto y su hueso púbico, sí, justo allí donde el hombre pierde a veces su dignidad.

Y funcionó a las mil maravillas.

Con don Mariano algo contraído y más o menos hipnotizado pensé en ir al grano y no andarme con rodeos –estaba ansioso por conocer rápidamente la gran respuesta del millón- pero ya puestos, tampoco iba a ser tan majadero de desaprovechar la ocasión de tener al líder máximo del partido de la oposición allí delante y dejarlo escapar sin apenas abordarlo, por lo que me prometí dejar para el final la pregunta de la carne o el pescado.

- Buenas tardes, don Mariano, me llamo Arnau y le voy a hacer a continuación algunas preguntas.

-………………………………………………………………………………………………………………………………!!

 - Respire un poco, ande. Si le parece, y a la espera de algo de oxígeno, empezaremos por una pregunta facilita pero que siempre me ha tenido algo receloso, ¿cuánto coño le paga usted a Francisco Marhuenda por sus portadas almibaradas?

- …………….., buenas tardes, mire usted, ……………..aunque noto cierta mofa en su pregunta decirle que Paco y yo nos llevamos muy bien desde los tiempos en que fuera director de gabinete de los ministerios en que me honré presidir, y desde entonces nos une una grandiosa e infranqueable amistad. Además, usted tendría que saber que el valor de la amistad es uno de los pilares, junto a la familia y Cristo, del que los conservadores españoles nos sentimos más orgullosos. Aclarada esta materia y respecto a su pregunta concreta, comentarle que todos los asuntos económicos relacionados con el partido los administraba Álvaro Pérez “el Bigotes”, y ya puede usted darse una idea de cómo pueden estar ahora todos estos temas, hechos unos auténticos zorros. Pero bueno, barato lo que se dice barato seguro que no es el muy jodido.

-Gracias, don Mariano, mis dudas están ahora algo más disipadas. Por cierto, y ya puestos en temas financieros, ¿para usted cual ha sido la verdadera causa de este descomunal desplome económico mundial?

-Creo que todo se circunscribe en un exceso de intervencionismo estatal, lo que provoca unas abusivas subidas de impuestos, un coto a las libertades personales y a la postre una repugnante asfixia de la sagrada economía de mercado. En otras palabras, la culpa la tiene sin duda el neo-comunismo.

-Juraría, don Mariano, que tiene usted la vara de medir un poco desviada.

-No me haga reír. Si el estado redujera el gasto que utiliza para pagar a los putos moros sus análisis de sangre o en financiar la educación de los negros, sudacas y demás purria internacional, a cambio de fomentar el despido libre y otras prebendas para el empresariado otro gallo nos cantaría. Además, las autonomías no son más que tinglados infestados de funcionarios que sobreviven como sanguijuelas a costa de la nación.

-Joder, don Mariano, y eso que usted representa en teoría el ala centrista de su partido; miedo me da. Y hablando de las autonomías, ¿qué le parece que Francisco Camps dijera el otro día que el PSOE intenta instalar un régimen de terror en España?

-Mire usted, puede que Francisco sea un personaje anclado en el pasado, una especie de dandi anacrónico más ligado a su estética que a su ética además de un corrupto de tomo y lomo y más tonto que las piedras, pero en esta cuestión me tendrá que convenir que lleva más razón que un santo.

-Vaya, veo que el valor de la amistad con el curita también es profundo y arraigado. Continuando con dicho personaje, ¿qué le parece su actuación de vetar los repetidores de la televisión catalana a otra comunidad que habla la misma lengua? ¿No le parece a usted, que se presenta cual adalid de la libertad, que es una solemne incongruencia que un presidente de su mismo partido niegue en un mundo cada vez más globalizado esa opción de comunicación a millones de ciudadanos?

-Mire, déjese de monsergas estúpidas, estoy hasta los mismísimos cojones de los imperialistas catalanes que se creen que todo el mundo es orégano. Todo esto es una confabulación inmensa para apropiarse de una literatura que no les concierne y de una lengua que les es ajena. Es indignante que a día de hoy en las escuelas de Cataluña hagan pasar como literatura propia a gloriosos escritores valencianos del siglo XV, por lo que no me extraña que Francisco quiera defender con uñas y dientes ese patrimonio de tamaño atropello histórico.

-Joder, don Mariano, si de verdad el argumento fuera un ansia de poder absurdo también haríamos pasar como literatos catalanes a todos los escritores en lengua italiana, siciliana, occitana, aragonesa e incluso griega que también por esas épocas pertenecían al Reino de la Corona de Aragón. Ya puestos.

-Y qué se cree, que no hacen lo mismo con el isleño Raimundo Lulio, ese gran mallorquinista.

-En fin, dejemos el tema de la lengua que sus prejuicios no dan para más, ¿por qué nunca se le ha oído hablar en gallego en público, don Mariano?

-Usted se cree, como afirman varias entidades culturales gallegas, que tengo que aprender un dialecto que proviene de una variedad diatópica del diasistema lingüístico gallego-luso-africano-brasileño, conociendo perfectamente el español que es un idioma cristiano. Seamos serios, con esas procedencias parece seguro que se trata de una lengua casi salvaje.

 -¿Le puedo preguntar, don Mariano, si se dio en la cabeza contra los mandos del helicóptero en aquel famoso accidente? Sabe qué, mejor dejémoslo, porque viendo la deriva insufrible de esta entrevista iremos acabando ya. Pero para finalizar y si usted no le encuentra inconveniente, le voy a realizar unas preguntas mucho más personales con la idea de aproximarlo al gran vulgo. Intente ser breve y conciso con sus respuestas, por favor.

-Perfecto, siempre me han gustado este tipo de encuestas. En el Marca las suelen hacer muy a menudo.

Por fin había llegado el momento sublime, la llegada a puerto después de tan mareante travesía. Le veía con tantas ganas pero, que antes de entrarlo a matar aprovecharía para hacerle unas cuantas verónicas. Más que nada para disimular.

 -¿Su deportista preferido, don Mariano?

 -Me quedaría sin pestañear con Semeneya. Tiene un cuerpo muy enjuto, fibroso y extrañamente atrayente. Y corre que se las pela. Lástima que sea negra.

-¿Actor de cine?

-Ahí sí soy muy clásico, elegiría sin duda a Rock Hudson; era guapísimo el muy cabrón. Mandingo tampoco está nada mal.

-¿Sabe que Mandingo también es de raza negra, don Mariano?

-…. ¿Y?

-No, nada, no alarguemos más el asunto. ¿Su actriz preferida?

-Sé perfectamente que son un par de actrices secundarias, pero ni a Bibi Andersen ni a Antonia San Juan se les ha reconocido nunca su trabajo. Las dos dan muy bien en los primeros planos.

-¿Películas que le han marcado a lo largo de su vida?

-Todas las de romanos y gladiadores en general. Y de las más recientes me quedaría con “Priscilla, reina del desierto” y “Brokeback Mountain”. La “Gran antología de Mandingo” también se la recomiendo.

-Gracias, la pediré en el video club. Cambiando de tercio, don Mariano, ¿su torero predilecto?

-José Tomás en el arte de la tauromaquia es actualmente un auténtico primor, pero me decidiría por José Ortega Cano, que sin necesidad de ceñidores ni leches le quedan como un pincel los trajes de luces; y encima baila de cojones.

-¿Monumento histórico?

-Siempre me han fascinado los cinco metros de piedra en erección del menhir de Spellenstein, en Alemania.

-¿Músicos más escuchados?

-Aunque por mis anteriores gustos cinéfilos pudiera parecer muy clásico, en el ámbito musical soy un autentico desmelenado. Me encantan por este orden: George Michael, Boy George, Freddie Mercury y Elton John.

-¿Clérigo más venerado?

-Antonio María Rouco Varela.

Llegados a este punto mi diafragma estaba a punto de explosionar (si no lo había hecho ya), así que le sonreí, cogí los bártulos y sin más demora me despedí afectuosamente pellizcándole en la barbilla. Por absolutamente contestada creí innecesaria la realización de mi última pregunta acerca de su leyenda del Santo Grial. Y es que en el fondo soy todo un señor.

Extrañamente y cuando ya estaba cruzando el portal de la Suite, don Mariano -aún sentado confortablemente- se dirigió inquieto de nuevo hacia mí.

-¿Me permite, Arnau, hacerle ahora yo una pregunta?

-Por supuesto, don Mariano, faltaría más.

-¿De verdad que Mandingo es negro?

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Entrevista a José Mari, el expresidente del gobierno

Publicado por Arnau en Junio 1, 2009

Aprendí hipnosis en el bar de la facultad, entre apuntes prestados y jarras de cerveza. Siempre lo hice como una simple diversión, absolutamente convencido de su posterior intrascendencia. Pero estaba muy equivocado. Ni por asomo pensaba que esta curiosa actividad fisiológica me ayudaría a realizar años más tarde una de mis máximas aspiraciones profesionales: entrevistar sin cortapisas, sin censuras ni mentiras, y únicamente sonsacando la verdad de sus actos al otrora presidente del gobierno español don José Mª Ansar López. Un par de sobornos, tejemanejes varios y una pase VIP falsificado de la fundación FAES obraron el milagro: delante de mí y reconfortado en un sillón majestuoso de una habitación del hotel Ritz de Madrid me aguardaba el payaso tonto de la foto de las Azores, el perro guardián del Neoliberalismo mundial, uno de los últimos líderes del fascismo europeo. Estábamos solos. Me acerqué, le saludé dándole la mano y me senté justo en frente en una silla algo espartana preparada para la ocasión. Mi primera intención era hacer una entrevista más o menos ordenada cronológicamente, después ocurrió lo que ocurrió. Tragué saliva, resoplé, y sin más dilaciones me lancé fijamente a sus ojos para poner en práctica el proceso hipnótico aprendido en la universidad:

YO: HOOooOOOoooOOOoooolaaaa señññoOoOor Aaaanssar -le susurré con convicción mientras le propinaba un brutal golpe entre el hueso frontal y el parietal que lo hizo derrumbarse de espaldas en el respaldo de su sillón. Realmente el impacto fue bestial, si no, de qué esos globos oculares invertidos, esos regueros de sangre emanando por sus comisuras labiales, ese aullido atroz y desgarrador semejante a un cánido. Por un momento pensé que lo había matado. Afortunadamente y a los pocos segundos José Mari recobró el entendimiento, me observó ásperamente, inspiró algo de aire y mientras intentaba torpemente limpiar su plasma avinagrado con el cuello de su camisa me invitó con un gesto de aprobación a proseguir la entrevista. Por fin me tranquilicé, lo había logrado. El muy mermado estaba profundamente hipnotizado, por fin José Mari explicaría, sin subterfugios, toda la verdad de sus actos políticos. Con suerte incluso algunos de personales.

YO: De nuevo hola, señor Ansar, empezaremos por clarificar un concepto primordial para mí, ¿qué significa para usted ser un buen español?

Ansar: Mire usted, para ser un buen español es necesario poseer unos requisitos inescrutables. Pero en esencia mundana lo resumiríamos en ser un hombre gallardo y de honor, un hombre creyente en nuestra patria indivisible, un hombre amamantado en los valores cristianos, un hombre conservador y por ende familiar y por último que sea también un hombre de habla española.

Y: (Y a la mujer que le den por culo) ¿He de interpretar, entonces, que ciudadanos practicantes de otras religiones o por otra parte ciudadanos agnósticos o ateos no pueden ser españoles? ¿Hemos de deducir también que quien hable otras lenguas aparte de la “castellana” tampoco los consideraría “buenos españoles”?

A: Efectivamente.

Y: Con este razonamiento, ¿hemos de entender que usted se pasa por el arco de triunfo los hechos acaecidos en nuestra historia como la expulsión de los judíos, el destronamiento de los musulmanes, los decretos de nueva planta del siglo XVIII y las prohibiciones lingüísticas y sociales de las últimas épocas dictatoriales?

A: Mire, cuando anteriormente me refería a requisitos inescrutables quería decir exactamente eso. La providencia divina es incontestable. No puede haber dudas sobre estos aspectos. Ser un buen español es lo que tiene. O se acepta o no se acepta.

Y: Clarísimo. Y entrando de lleno ya en otro tema espinoso, señor Ansar: el “albondiguilla”, el “rata”, el “cabrón”, el “curita”, el “bigotes”,… ¿quién se inventa estos curiosos motes con los cuales se denominan a los políticos corruptos de su partido?

A: No hay un diseñador específico de motes en nuestro partido, no existe ningún ideólogo de palabros, salen espontáneamente, sin más, llanamente emergen de nuestro talento filológico. Y no se crea, aún faltan por salir el “croqueta”, la “foca”, el “mamón”, el “prior”, el “ojete”, el “forúnculo” y el “hijoputa”, que desgraciadamente y tarde o temprano creo que también saldrán a la palestra. Todo se andará.

Y: Le veo muy pesimista con esta cuestión.

A: Por supuesto, no tengo apenas confianza en la justicia española.

Y: Hablando de justicia, ¿cree usted que Trillo debería de dimitir por la sentencia del Yak-42?

A: Absolutamente, pero no lo hará jamás. Si él dimite yo me quedo con las vergüenzas expuestas y sin parapeto. Mire, con las prisas Trillo pretendía borrar el ADN incinerando los cadáveres allí mismo, en Turquía, pero los forenses autóctonos fueron muy quisquillosos con este asunto; además Federico cometió el error de comerciar con los otomanos como quien está tratando con los indios Arapahoe. Lógico que al final los moros se sintieran menospreciados y no aceptasen ser sobornados. Porque vale, podríamos considerar que el obsequio del tabaco de mascar tuviera un pase, pero el de los espejos fue de traca. Finalmente la codicia económica de los familiares hizo que todo se nos escapara de las manos.

Y: Por cierto, hablando de desastres, ¿dónde se encontraba usted cuando el petrolero Prestige dio la primera señal de alarma?

A: Follando con Cayetana.

Y: Ella lo ha negado siempre.

A: No, a la duquesa de Alba nunca se le ha preguntado.

Y: Perdone que me meta en asuntos que podrían no ser de mi incumbencia, señor Ansar, pero la duquesa podría ser su abuela. Y además está usted católicamente casado. ¿Encuentra ética su conducta cuando anteriormente ha señalado como valor fundamental del “buen español” el concepto de la familia?

A: Sepa usted que fornicamos en lengua española, y esto es eximente de cumplir las otras leyes.

Y: Entiendo, entonces usted no será el padre del hijo bastardo de la ministra francesa de justicia. Ella no habla castellano.

A: No, por Dios. Y recuerde que Rachida Dati tiene linaje y sangre sarracena. Además me encontré con el agravante de que ella no quiso. Mire, le ruego que pasemos página de los malos tragos, tiene que entender que la muy puta me dijo cosas muy desagradables mientras intentaba penetrarla sin su consentimiento en los servicios de señoras. No me apetece remover temas tan desgarradores para mí.

Y: En fin, me está volviendo loco, con su pan se lo coma y de vuelta al tema ¿quién fue el energúmeno que dio la orden de arrastrar el petrolero hacia la costa de Portugal?

A: De energúmeno nada, se trató de una brillante idea del entonces ministro de fomento. Recuerdo que Francisco se encontraba ese fin de semana matando osos en los Pirineos, y entre barbacoa y barbacoa cocinó el plan: aprovechando la coyuntura y el caos se trataba de alquitranar gratis todo el litoral gallego, aniquilar todo el ecosistema marino, y así al fin poder liberar sin contemplaciones cantidad de suelo público, una especie de Marina D´Or a la gallega con el valor añadido de encontrarse en las profundidades. Un lujo. Además, con la salvedad de que las almejas también pueden venir de Chile. Pero ni Mariano, que lo enviamos como instigador, ni nadie del partido popular contábamos con esa radical marabunta humana que se movilizó en contra del vertido del crudo. Cabrones. Incluso pensamos por un momento en enviar el ejército. De hecho si no llega a ser por la burda pantomima del retrasado del Rey en Muxía hubiéramos trasladado de inmediato a la legión. En fin, todos unos jodidos socialistas, ecologistas y masones responsables de dilapidar un millón de empleos y desecharlos miserablemente por la alcantarilla. De esos polvos estos lodos.

Y: Me ha dejado absolutamente abrumado, la verdad. Aprovechando que hablamos de crudo y que nombra a socialistas y ecologistas, ¿qué le pareció las multitudinarias manifestaciones populares en contra de la guerra de Irak? Y ya puestos, ¿por qué despreció en su día el clamor social en contra de la que fue posteriormente esa ignominiosa matanza de civiles?

A: Mire usted, es cierto que uno de los objetivos del asunto era agenciarse todos los pozos petrolíferos de la zona y dominar geo-estratégicamente el Oriente medio. Es verdad también que George Bush tenía entra ceja y ceja acabar por sus cojones el trabajo iniciado por su padre. Pero escúcheme bien porque intentando no ser pretencioso se lo voy decir solamente una vez: mi verdadero objetivo tenía mucha más altura histórica, más enjundia literaria, un inmenso valor trascendental. Mire, usted es muy joven, pero sabrá o tendría que saber que al igual que ni las brujas, ni las hechiceras. ni los conversos ni los herejes impidieron al Rey Ricardo Corazón de León y a Felipe II Augusto de Francia reconquistar Tierra Santa al morisco Saladino, o al menos a intentarlo, tampoco ninguna turba de mariconas, tortilleras, rameras, titiriteros, separatistas ni por supuesto Pedro Almodovar iban a lograr que el presidente del otrora sagrado imperio español alcanzara como aquellos la posibilidad sagrada de dar batalla a los infieles.

 Y: Realmente está usted destartalado de la cabeza, señor Ansar, zumbado perdido. Ni por supuesto tampoco tiene abuela, bueno, sólo se las folla. Iremos no obstante finalizando porque esto es absolutamente inaguantable.

Y: Respóndame por favor, ¿por qué tuvieron la indecencia de torpedear la última negociación del gobierno con ETA cuando ustedes también lo intentaron con el Movimiento de Liberación Nacional Vasco?

A: Muy fácil, sencillamente porque Navarra no se podía, de ninguna de las maneras, vender o entregar a los terroristas.

Y: ¿Por qué de ninguna de las maneras?

A: Coño, porque Navarra ya la habíamos vendido nosotros en las reuniones de Bélgica en el 1999. Además la delegación etarra había pedido un crédito hipotecario de tasa variable para tal efecto y estaba con la soga al cuello con el tema del Euribor. A los pobres les estaba costando llegar a final de mes.

Y: No entiendo, si ustedes ya habían vendido Navarra, aunque fuera con un crédito hipotecario de tasa variable, ¿cómo es que no llegó a fructificar la paz entonces?

A: Porque una vez aprobada la venta, con firma notarial incluida, los muy anormales se descolgaron con unos últimos flecos inabarcables con los que nos fue imposible seguir negociando.

Y: ¿Cuáles eran esos flecos por los que se truncó todo el tinglado?

A: Mire usted, unos flecos inadmisibles para la democracia española y para su sagrada cohesión social: nada más y nada menos que cuatro ligas consecutivas del Athletic de Bilbao. Y de gratis. Y encima con el garrulo de Clemente como entrenador y el carnicero Andoni Goikoetchea de ayudante primero. Lorenzo Sanz por supuesto se negó. Y yo también.

Y: Visto lo visto, señor Ansar, ¿cómo es que todavía perviven entre nosotros diez millones de imbéciles que votan a su partido?

A: Hay una frase lapidaria del alienígena de “Ultimátum a la tierra” que lo explicita muy bien: “Nada de las dictaduras muere del todo, España no desperdicia nada, sencillamente lo transforma”.

Y: No es exactamente así pero bueno, podría valer.

(Después de vomitar me levanté, le di una pequeña colleja en el cogote para intentar deshipnotizarle y me despedí apesadumbrado dirigiéndome ya hacia la puerta de la habitación. Antes de salir pero, y ante mis dudas, quise atestiguar si realmente el muy majadero se encontraba en su estado normal).

Y: Perdone, señor Ansar, una última pregunta, ¿cómo se sale de la crisis?

A: Ni pajotera idea, no llegué a entender nunca cómo creamos cinco millones de empleos en su día y voy a saber ahora cómo se sale de esta crisis global de los cojones.

Y: ¿Y su famoso libro en el que habla de ello?

A: ¿El libro?, no sé ni quién me lo escribe.

(Que se joda. Y cerré la puerta).

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Carod-Rovira en los atentados terroristas de Bombay.

Publicado por Arnau en Diciembre 5, 2008

Editorial del periódico El Mundo:

Antes que nada proclamar nuestra clara y rotunda repulsa al terrorismo, esa lacra execrable que siempre hemos condenado, condenamos y condenaremos sea cual sea su origen, causa o propósito. Lo hemos hecho siempre sin reservas, sin fisuras, objetivamente y sin atajos, alejados de torticeras conspiraciones, de titulares populistas y de vacuas especulaciones demagógicas que nos pudieran conducir al error. Por todo ello, impolutos y con nuestra credibilidad ganada a pulso, nos vemos con la facultad de juzgar por deshonrosa, indigna y casi delictiva la conducta de José Luís Carod Pérez-Rovira, que junto a la igualmente desleal y antipatriótica delegación regional de la Generalidad, se encontraba en uno de los hoteles que fueron objetivo de la banda islamista el día de los atentados terroristas en Bombay.

 

No lo juzgaremos por su cobardía humana, por su carencia de hombría, ni tan siquiera por su patética huida detrás de la recepción arrastrándose como una sanguijuela, como una ladilla, igual que una puta rata de cloaca. No lo haremos tampoco por su miedo, ni por su debilidad emocional, ni por largarse por la puerta de atrás como jamás lo haría una loba sin sus lobeznos ni un padre sin sus hijos; como nunca lo haría un líder que se preciase y enorgulleciese de ello; como no lo hizo Ariadna con Teseo en el laberinto del minotauro.

 

Tampoco lo juzgaremos por no escoger la heroica del guerrero, ese aval de los elegidos que te abre de par en par las puertas del paraíso, y que le hizo salir como gato escaldado y con el rabo entre las piernas colgado del ala del primer avión que despegó del aeropuerto, desencajado, sin echar siquiera la vista atrás, pisando cadáveres llenos de metralla y sin esperar a nadie, perdiendo su sombra, temblando de miedo. Cagado. 

 

Pero sí que lo haremos por su lamentable actitud, tanto anterior como posterior, en los viles atentados acontecidos en India. Anterior por saltarse con nocturnidad y alevosía la representación de toda una nación y viajar como si fuera un embajador de un extraño y pequeño país; anterior por humillar los sacrosantos símbolos nacionales canjeándolos por otros de míticos e inventados; y anterior por saquear fondos de las arcas públicas para costearse el viaje con el único propósito de sacar unos vastos réditos económicos para su insolidaria comunidad.

 

Y también lo haremos, claro está, por la impostura que posteriormente significó su burda pantomima a su llegada al aeropuerto de Barcelona. Sí, todos le vimos bajar del avión sudoroso y con la piel marchita, sin afeitar, con sus ridículas chanclas, sus calcetines blancos y su barretina. Pero no engañó a nadie. Su conciencia abandonada y sus ojos fugaces del resto de miradas le delataban. Pero a él le daba igual. Con paso tenue se dirigió al atril repleto de micrófonos, y mientras a miles de kilómetros las balas todavía mataban a mujeres y niños, él, mintiendo vilmente, iniciaba con miserable narrativa un cuento de sus experiencias vividas, una novela inventada y sangrienta, relatando cobardías como si fueran gestas, peligrosas persecuciones cuando sólo fueron pies en polvorosa; alegorías cuando no eran más que infumables infamias.  

 

Como siempre la historia dictará sentencia, sólo es cuestión de tiempo. Mientras, a los terroristas les queda un único camino por recorrer: su entrega y la claudicación. Y a Pérez-Rovira, que reconozca por fin, que igual que un soldado se dispara en la mano para huir de las trincheras, él desertó horrorizado del campo de batalla sobrepasado ante sus escasas agallas, y abandonó a los suyos mientras aún, desamparados en Bombay, resistían junto a los indios con firmeza y dignidad. 

 

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¿Quién zancadillea a Rajoy?

Publicado por Arnau en Julio 5, 2008

La otra noche tuve un sueño. O una pesadilla.

Eran las 9 de la mañana y me encontraba solo, en un bar, sentado en una mesa repleta de porras, churros y cafés con leche. Una rápida mirada a través de la ventana me hizo contemplar dos enormes letras coloradas que se encuentran en el edificio del partido popular, ese que está ubicado en el número 13 de la calle Génova en Madrid. No tenía ninguna duda, estaba en la capital del reino.

Tomé el último sorbo de café y me fui sin pagar. Con dos cojones. Supongo que la desorbitada exhibición de madridismo por parte del camarero cuando supo este de mi procedencia tuvo la culpa. En un solo gesto tenía que resumirle que todos los tópicos que otorgan a los catalanes son ciertos. Me levanté y eché a correr. No es cuestión de llevarles la contraria. Y menos en territorio hostil.

Recuperado el aliento me preguntaba qué coño hacía yo una mañana de primavera delante de la sede del partido popular. No me lo pensé dos veces, estaba claro, era en una misión de escudriñamiento del alma ultra del partido. Era el designado para ser el arcángel que revelara a la opinión pública quien era el gran titiritero que mueve los hilos de esa corriente que zancadillea a Rajoy y le impide virar su nave hacia el centro. En resumen, descubrir quien cultiva la carcoma más liberal, conservadora y reaccionaria del partido popular, esa misma que le hace ganar a Zapatero elección tras elección.

Mi nariz se olía que en algún rincón secreto del edificio se maquinaba toda la trama. Muy posiblemente en sus catacumbas.

Mi primera dificultad era tratar de sortear la primera barricada de individuos apostados delante de la puerta del edificio sin pérdidas humanas (la mía). Y es que a pesar de su aspecto nonagenario se trataba de verdaderos energúmenos vehementes portando grandes pancartas ininteligibles y gritando incendiarias soflamas contra Rajoy. Tenía claro que en este caso la violencia no conducía a ninguna parte, había que usar la inteligencia. Me disfracé. Atravesé las líneas enemigas con montera, capa roja y gualda, crucifijo en el cuello y un periódico El Mundo bien visible en el sobaco, a la par que les saludaba enérgicamente con la mano derecha en la sien al estilo militar.

-¡Arriba Ejpaña!- les llegué incluso a gritar, desbocado en mi papel.

-¡¡¡Arrribaa!!!- Me contestaron todos al unísono, acompasando su chillido con el brazo en alto.

Después de devolverle la dentadura a uno de ellos entré directamente en el edificio para toparme de cruces con el guardia de la entrada, un gorila de mucho cuidado. Automáticamente mi sagacidad me hizo observar en él unos apéndices auditivos descomunales, nunca vistos. Fugazmente pensé que tamaños orejones no podían estar allí de casualidad, que tamaña excreción de cerumen era algo más que una visión repulsiva. Estaba convencido que eran una pista. Entonces se hizo el milagro, el sujeto me miró mi vestimenta, me sonrió y me pico el ojo a la vez que me susurraba al oído: “¿Contraseña?”.

Supongo que mi atuendo le hizo confundirme con otra persona, o tal vez no, puede que simplemente el verme pasar a través de los ancianos sin herida alguna creyera que era uno de ellos, uno de los ultra liberales que quieren descabalgar a Rajoy. Vacilé unos segundos, tragué saliva y sin dejar de fijarme en sus churretosos pabellones acústicos desembuché lo primero sensato que se me ocurrió: “Extraordinaria placidez”.

Instantáneamente el gorila me abrió la puerta de una de las taquillas del  guardarropía y con un rápido gesto mandibular me invitó a entrar. Sin dudarlo me introduje rápidamente, llegando de un brinco a una habitación oscura. Muy oscura. No me veía ni las extremidades inferiores. A los pocos minutos, cuando la situación empezaba a ser insostenible y mi agonía era ya una desesperación cruel de arrepentimiento una solemne voz en off me preguntó: “Nombre y procedencia”.

-Arnau, el catalán- Así, de un tirón, le contesté.

De golpe saltaron las alarmas y empezó la fumigación. Siempre he pensado que es preferible quedar pringado de raticida por culpa de tu procedencia que ser gaseado como en Auschwitz.

Untado hasta el tuétano se abrió una puerta del fondo de la habitación oscura y entró por ella un halo de luz y de esperanza. Conducía a un pasillo estrecho y largo que llegaba directamente hasta otra puerta a la que mi vista de lince llegó incluso a divisarle un letrerito: <Sala de la dirección ultra>. La suerte me sonreía. Estaba en el buen camino.

Una vez ya en el pasillo la voz en off me volvió a espetar: “Arnau, el director está reunido con sus colaboradores, tendrá que esperar para entrar. Siga caminando hasta la puerta de dirección y no llame hasta que todos hayan salido, alomojó”. Esta vez le asentí con la cabeza. Sin más. Si nunca me ha gustado hablar con el contestador telefónico no tendría que hacerlo ahora tampoco con una voz en off. Y menos si esta era la responsable de mi humillante baño viscoso.

Al cabo de unos instantes empezaron a salir personajes de la sala de dirección. El primero en cruzarse conmigo fue un elegante hombre de color negro que vestía túnica blanca bordada y gorro claro. Mi gran experiencia en política internacional me hizo reconocerlo en seguida. Se trataba de Yahya Jammeh, presidente de Gambia, el mismo que recientemente ha declarado que “Gambia es un país de creyentes y las prácticas pecaminosas e inmorales como la homosexualidad no se toleran. Cortaremos la cabeza de los gays que sean cazados en Gambia”. Detrás de él salió el presidente de la Conferencia Episcopal, otro que ha proclamado algo semejante pero en España y con sotana negra. Poco después desfilaron en una ristra inacabable personajes ultra de la altura internacional de Ynestrillas (franquista), Vidal Quadras (vampiro), Mayor Oreja (el de la contraseña plácida), Acebes (legionario de Cristo), Zaplana (el de la voz en off, lo de la telefónica era lógicamente una tapadera), María san Gil (sin pecado concebido), Rosa Diez (con pecado concebido), el peluquero de la AVT (mal concebido), Peón negro (sin cerebro concebido), Pio Moa y Biggie Vidal (conciben “historias”), Luis del PPepino y Pedro Chota (conciben paranoias), el Mandril (el odio concebido) y finalmente Juan Costa (el cebo).

Que fauna y flora, pensé.

Todos se fueron cantando y fornicando a lo largo del pasillo hasta llegar a una recóndita y escondida puerta que ponía EXIT. Supongo que no fueron vistos a su salida por ningún periodista ni por civil alguno. El repaso mental de esa procesión de homínidos que ni me habían departido palabra me indujo a la perspicaz conclusión de que José Mari el melenas y Esperanza no se habían cruzado en mi camino, precisamente los dos con más papeletas para dirigir el cotarro. Justo en ese mismo momento de catarsis analítica se abrió la puerta de un porrazo saliendo de ella la lideresa con una sonrisa de oreja a oreja y con las bragas en la mano. Me miró con el blanco de los ojos y me balbuceó exhausta: -Ya puedes pasar, el líder te está esperando en su despacho-. Y prosiguió su cortejo erótico hasta la puerta del EXIT.

Golpeé con los nudillos levemente en la puerta. “Pom!Pom!”

-¿Se puede pasar? -dije con un hilillo de voz temblorosa. Está claro, aunque lo desprecies, que no siempre estás en la vida cara a cara con el posible criminal de la foto de las Azores. Y menos, como parecía, para una orgía española.

-Adelante -me respondieron con voz segura desde dentro de la habitación.

Sin reflexionarlo entré en la sala no sin antes cerrar la puerta detrás de mí, no fuera que volviera Esperanza con más ansias de gresca. La sala era espaciosa, enorme diría yo. Demasiado para la única mesa de escritorio que se alojaba en un rincón de la habitación, la misma que estaba iluminada simplemente con la luz de un flexo de sobremesa. Estaba nervioso. Por fin podría avistar la efigie del director de la tramoya. Por fin le quitaría la máscara a esa faz que todo el mundo anhela conocer.   

Me fui acercando a esa mesa donde se encontraba el personaje, dándome la espalda, tranquilamente sentado en su silla giratoria.

Paso a paso avancé hasta llegar a un par de metros de él. En ese instante empezó a darse la vuelta, lentamente, como quien sabe que va a sorprender, y a la vez que él me entregaba la visión de todo el plano de su rostro yo me iba desplazando hacia atrás, como si no creyera lo que estaban viendo mis ojos, como si estuvieran vislumbrando un espejismo, como si la luz blanca del flexo me descubriera el lado oscuro de la luna; la percepción de un muerto.

-Hola Arnau, no te crees lo que estás viendo, verdaz -me dijo él con voz grave y arqueando aun más sus inconfundibles cejas.- No te preocupes por ellos porque no saben lo que hacen. El sexo sólo es para retenerlos juntos y subyugados. Tranquilo, déjalos marchar para que divulguen sus rancias ideas, para que sigan explicando a la sociedad española sus homilías odiosas, sus añejos razonamientos y sus sexistas planteamientos -refiriéndose a esos tarados que anteriormente habían salido del despacho. -Ahora, vete en paz- finalizó solemnemente haciéndome el signo masón.

Justo en ese mismo momento sonó con estruendo el despertador. Sudoroso y con unas pulsaciones dignas de haber corrido una carrera de 3.000 metros obstáculos me quedé recostado en la cabecera de la cama, sin respiración. Agotado.

Finalmente lo entendí todo. No podía ser de otra manera. Tenía que ser él y no otro quien cultivaba la carcoma más liberal, conservadora y reaccionaria del partido popular, esa misma que hace ganar a Zapatero elección tras elección.

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