Querida Rosa,
permíteme decir, sin querer azorarte, que ante tanto político negligente y corrupto, siniestro e incapaz, te encuentro poderosa y singular, avasalladora, imparable vanguardia contra tanto despojo humano, toda una cálida llama –de la acepción que no es mamífero rumiante- regeneradora de nuestra grotesca escena parlamentaria, auténtico florete frente a la disgregación nacional que asoma y que nos carcome y toda una consciencia social siempre al amparo de nuestra real y sagrada patria. Eres esencia de valores, noble capullo –de la acepción silvestre- floreciente, hito y referente; en resumen, la mujer que ilumina España.
Y por favor, olvida a tus detractores que cacarean, con evidente maldad, que únicamente has creado el partido UPyD por despecho, por no alcanzar el poder dentro del seno del partido socialista, o que utilizas la palabra “regeneración” igual que lo hacían aquellos macabros salvadores fascistas de antaño, o que presentas las soluciones a los problemas en base a la manida identidad nacional o a atacar sin piedad a las identidades periféricas y a todo extranjero que se precie. Nada, todo son auténticas memeces sin apenas fundamento. Además, todos tenemos el derecho, de vez en cuando, eso sí, a utilizar como nos plazca el populismo, la demagogia y la xenofobia con tal de conseguir inusitados dividendos que puedan parecer inalcanzables.
Ignora también a tus críticos que ladran, con clara perversidad, que has sido aupada a la primera página de la actualidad gracias a oscuros y sucios tejemanejes, o que has vendido tu ideología a extraños compañeros de cama ultraconservadores a cambio de una simple parcela de poder. Bobadas. Todos tenemos el derecho, sin pasarnos, a prostituir nuestra dignidad y a entregarnos, por qué no, al mejor postor para conseguir anhelos de otra forma sino inasumibles.
Y arrincona a tus difamadores que rebuznan, con meridiana vileza, que te contradices de manera flagrante al posicionarte ahora en contra de cualquier proceso de paz cuando durante siete años y gobernando junto a los nacionalistas defendiste, sin ningún asomo de arrepentimiento, el acercamiento de presos y el proceso de negociación que indagó entonces el Partido popular. Sandeces. Que arroje la primera piedra quien no haya sufrido algún trastorno mental transitorio que no le haya podido afectar por desgracia a su memoria.
Obvia también a tus vituperadores que relinchan, con demasiada crueldad, que utilizas las distintas lenguas del estado como armas de confrontación masiva, como cuando denunciaste, con dos cojones –de la acepción más femenina del término-, que en determinadas líneas aéreas Zúrich-Barcelona sólo se usa el alemán y el “dialecto catalán” en la cabina de abordo y menospreciando así al castellano. O cuando remarcan, con enorme mala fe, tu inocuo comentario aquel de “si una lengua acaba desapareciendo, ¿cuál es el problema?”. En fin, ni caso, todo soplapolleces. Y si no, que dé un paso al frente ahora mismo el buen genocida lingüístico que nunca ha despreciado por ignorancia supina la lengua catalana comparándola, por ejemplo, con una simple jerga tribal sin causa de consideración.
Y descuida a tus calumniadores que berrean, con ostentosa perfidia, que denigras de forma sistemática todo lo que no rezuma españolidad, como cuando utilizas la expresión “es un gallego desde la peor acepción de la palabra” con la única e inocente pretensión de ofender a Zapatero, que ya me dirás, o como cuando lejos de rectificar -¿por qué habría de hacerlo?- tu gabinete de prensa lanza un comunicado calificando las protestas de los gallegos como “una muestra de intolerancia, complejo de inferioridad o perturbación nacionalista”. Majaderías. Al fin y al cabo, todos tenemos el derecho, por mucho que vayamos de progresistas, de ser un poco carpetovetónicos en algún mal momento de nuestras vidas.
Y desoye por último también a tus vilipendiadores que gruñen, con pasmosa villanía, al afirmar que gestionas tu partido de forma desastrosa y con tintes totalitarios, sin separación de poderes ni sistema de incompatibilidades, absolutamente opuesta a los estatutos fundacionales y que echas, ignoras o expedientas a todo aquel que no se pliega a tu discurso, e incluso que tildas de ilegitimo el Estatut catalán por su escaso 34 % de votos de los ciudadanos cuando tú misma sólo has sido elegida por un misérrimo 29% debido a la alta abstención dentro de tu partido. Dementes y auténticas mamarrachadas. Tú sabes, como todos nosotros, que la hipocresía es la compañera perfecta del ser humano, del todo vale y de la doble vara de medir. Y sobre todo en España. Así que ajo y agua y una misiva para tus maquiavélicos inquisidores: a mamarla, coño.
En fin, querida, ya ves, todos tenemos algunas tachas en la vida que pueden asomar, es cierto, y aunque éstas a ti te hagan ser gran populista, demagoga, xenófoba, mujer entregada al mejor postor, trastornada mental, ignorante supina, carpetovetónica e hipócrita hasta rebosar, no desesperes ni te pliegues jamás ante los enemigos de España que te desean con malas artes exterminar. Y repito, no temas por tus pequeñas taras, Rosa, porque incluso en el mundo árabe toda obra de arte debe de poseer una minúscula mácula para no ser considerada sacrílega al competir con la perfección de Dios. Y como dijo el gran Billy Wilder, “nadie es perfecto”,.. ¿o acaso eres un “hombre” desde la peor acepción del palabro, Rosa?
Muy atentamente,
Arnau