Arnau

Almacén de relatos olvidables

Archivo de Noviembre 2008

Carta de despedida a George W. Bush

Publicado por Arnau en Noviembre 14, 2008

Llegaste a la Casa Blanca con las piernas arqueadas y montando a caballo, enfundando revolver, apestando a petróleo y en volandas de un poder ultra liberal que te exigió -por los servicios prestados- ser nada más y nada menos que un implacable ejecutor de terroristas, un miserable asesino de hombres, mujeres y niños, un incesante perforador de pozos petrolíferos y un ignorante y patético lector de cuentos del revés. Y lo hiciste con placer, degustando ese néctar con despotismo y fruición. Te hicieron creer ser sheriff del celuloide y no eras más que un Dalton de tinta y papel, una simple marioneta en manos de la implacable tramoya militar, una pobre caricatura diseñada por iluminados redentores de almas descarriadas; en resumen, te alquilaron la sala oval para que jugaras a ser el hombre más poderoso del mundo a cambio únicamente de ceñirte a su guión, sin posibilidad de añadirle ni un signo de interrogación, ni un punto ni una coma, simplemente limitarte a leerlo altivamente y con voz teatral en el Teleprompter.

 

Te confieso, no obstante, que a estas alturas me produces una opinión con una cierta ambigüedad. Por una parte te detesto por tus gestos de cowboy detrás del atril, por tus desenfocados análisis de nuestra realidad terrenal, por evaporarte de tus responsabilidades dejando pudrir todo el sistema financiero planetario, por escoger la mentira execrable de la guerra preventiva, por bombardear a inocentes civiles en Irak y por consentir el enriquecimiento vil de tus amigos aplastando la dignidad de unos seres humanos con el único objetivo de implantar un dominio económico y militar en la zona de Oriente Medio. También te desprecio por crear Guantánamo -ese nefasto campo de concentración que nos ha retrotraído a las peores épocas del fascismo y del comunismo- y por actuar en Abu Ghraib como quien se cree tener absoluta impunidad jurídica y ser un visionario elegido por la magnanimidad de su Dios. En fin, te detesto por no ser más que un comandante en jefe con las cartas marcadas, por no haber intentado ir más allá de la simpleza del bien y del mal y por no haber leído jamás a Yourcenar.

 

Pero por otra parte, y aunque me irrite aceptarlo, me produces una mezcla de rencor y gratitud, una especie de esquizofrénica y pesada digestión. Cómo si no puedo sentirte rencor por tu sistemático menosprecio a los habitantes de raza negra en Nueva Orleans, y, al mismo tiempo, no agradecerte que gracias a tu desbocada ineptitud la historia de la humanidad haya ganado tiempo al tiempo, alcanzando hitos que parecían hoy casi inimaginables, casi irrealizables, como la simbólica llegada a la cima del poder de un hombre de raza negra después de una larga, cruenta y desesperada lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. Y cómo si no puedo denigrarte si para alcanzar tus mafiosos propósitos escogiste de aliado en Europa a alguien tan necio, tan engreído, tan totalitario, tan mal engendrado, parido, criado y echado a perder como nuestro atleta cósmico de las Azores, ese bufón patético con ínfulas de grandeza que escogió pasar a la posteridad como tu perro faldero antes que asumir la súplica de la ciudadanía española que le exigía no implicarse en la irresponsable e ilegal invasión de Irak, y a pesar de todo ello, no agradecerte de verdad que fuera esto precisamente lo que acabó de fulminar la ya deteriorada reputación del dogmático e idólatra Aznar, a la vez que aceleró la derrota de vuestros obcecados y desbocados argumentos ultra liberales que nos han llevado a una de la mayores crisis financiera y económica de todos los tiempos.

 

Finalmente, y no te lo tomes a mal, no te voy a desear suerte, simplemente apremiarte para que cojas a tu perro faldero y a Barney, ventiles las habitaciones, apagues la luz y cierres la puerta para nunca regresar. Y por último, permíteme aconsejarte que no vuelvas nunca la vista atrás, ya que sólo contemplarías a lo lejos un sencillo, insignificante, hierático y desalmado Teleprompter; ese mismo que desgraciadamente sólo te dejaron leer; ese mismo que desgraciadamente sólo llegaste a ser.

 

God bless you,

Arnau

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