Arnau

Almacén de relatos olvidables

Archivo de Octubre 2008

Ellos tenían razón

Publicado por Arnau en Octubre 24, 2008

Ayer vi como policías de los Mossos d´Esquadra entraban violentamente en un patio de una escuela pública en Barcelona, arrestaban con una simple identificación acústica a decenas de niños castellanohablantes que estaban jugando al balón y, sin mediar palabra, los introducían en furgones blindados destino a la estación de Sants. Allí vi como los cargaban, junto a otros centenares de niños que ya se encontraban en su interior, en sucios vagones de ganado, faltos de agua y sin comida, mientras rápidamente el tren empezaba su inexorable marcha hacia su destino. Algunos niños, los más valientes -o los más inconscientes- se lanzaban desesperados desde unas pequeñas ventanas hacia el exterior rebotando y despedazándose contra los andenes. Los que sobrevivían eran alcanzados por ráfagas de metralleta por los Mossos, pintando con sus pequeños cuerpos una macabra alfombra roja paralela al tren.

 

 

Después de un par de horas de insufribles escenas vi como ese tren llegaba directamente a una especie de nave industrial, fantasmal y abandonada, que parecía estar situada cerca de la montaña de Montserrat, en el corazón de Cataluña; allí donde el alma nacional catalana late estúpidamente en su ciega pasión.

 

 

Ayer vi a los Mossos d´Esquadra obligar a los niños a bajar con su mirada perdida de los vagones del tren, desnudarlos, afeitarles la cabeza y marcarlos -al igual que en una res- un número de identificación en sus brazos. Ayer vi como supuraban sus llagas, como se abrían sus carnes, como centenares de niños ataviados con camisas y pantalones a rayas perdían su nombre y su dignidad. Ayer vi como su infancia bañada en lágrimas dejó, a partir de ese instante, de existir. Ayer descubrí hasta dónde es capaz de llegar el ser humano con su brutalidad.

 

 

El recinto hablaba por sí solo: de las ventanas de las naves salían Mossos para contemplar el espectáculo de los niños maniatados que en silencio eran trasladados en fila hacia unos pequeños y apestosos barracones. Me impresionó como algunos evitaban la mirada de sus carceleros esperando su compasión; me impresionó ver como algunos niños se lanzaban desesperados contra los alambres que vallaban el campo de exterminio, quedando atrapados como moscas en telas de arañas, electrocutados por los más de 5.000 voltios que los electrificaban. Inmóvil e impávido vi como algunos Mossos apostados en las torres del campo les disparaban -sin cesar y locos de poder- descargando su munición sobre ellos, reventando sus cuerpos ya sin vida, destrozándolos. Siendo ya sólo pequeñas figuras humeantes.

 

 

El resto, y ya dentro de los barracones, esperaban en silencio y sin saberlo su muerte. Al caer  la noche fueron llevados sin piedad, uno por uno, a las cámaras de gas. Allí les quitaron su último aliento de vida, su última bocanada de inocencia. Estallaron sus pulmones y dejaron de llorar; para siempre.

 

 

Sus despojos, sus cuerpos ya inertes, fueron sistemáticamente enviados a unos inmensos hornos crematorios, y a lo largo de toda la noche unas altas chimeneas espectrales se encargaron de vomitar gases y cenizas sembrando de sinrazón y muerte todos los pueblos y ciudades de Cataluña.

 

 

Ayer nadie en mi país sonrió, pero tampoco nadie alzó la voz. Ayer el hedor a gases y carne quemada impregnó hasta el último rincón habitable de mi tierra, pero nadie lo denunció; ayer nadie en Cataluña durmió sin dejar de ser cómplice con su silencio; ayer en mi país nadie dejó de ser más que un miserable asesino.

 

 

Como yo. Por omisión del valor. Por mi cobardía. 

 

 

A partir de ahora nunca más volveré a dudar de esos historiadores que hace tiempo ya lo advierten, de esos periodistas que ya hace tiempo lo aseguran, de esos investigadores implacables que incesantemente lo denuncian. Jamás les hemos hecho caso y nunca les hemos dado el más mínimo pábulo de credibilidad. Todos pensábamos que equiparar Cataluña a un régimen Nacional-socialista (CataNazi -como algunos la denominan-) y compararla a una tierra en donde se conculcan las libertades individuales y sociales era simplemente una malvada invención y una miserable desmesura; una vulgar locura de unos hijos de puta que odian y desprecian la cultura catalana; una execrable infamia de unos energúmenos que no entienden que defendamos, sin más, nuestra lengua y la pluralidad de este estado. En fin, por pensar que detrás de su revisionismo histórico manco de pluralidad y veracidad en sus razonamientos no existe más que un patético lucro económico a costa de recalcitrantes e ignorantes fascistas ávidos por rememorar su anhelado y antiguo régimen.

 

Irremediablemente no los valoramos. Sólo creíamos que era una vil excusa, una planeada exageración. Y resulta que tienen razón, que Cataluña no es más que un proyecto nacionalista de exterminio. Ahora sí, desolado y con mi corazón destrozado, acepto que nos comparen con regímenes totalitarios.

 

Ayer me sentía catalán. Hoy ya no.

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Carta abierta a Manuel Pizarro

Publicado por Arnau en Octubre 17, 2008

Respecto a la crisis económica y financiera mundial hay veces que uno tiene que reconocer que, sin que se le nuble la pasión ideológica, existen grandes personajes del mundo económico que clavaron en su día el diagnóstico del problema. Me refiero, evidentemente, a ti, Manuel. Recuerdo como si fuera hoy tu excelso debate a dos junto al vicepresidente económico Solbes. Visto con el tiempo y sin los prejuicios apasionados de una inminente convocatoria electoral creo que tendríamos que reconocerte por fin como un grandioso economista. Tu lectura del diagnóstico fue irreprochable, cabal, repleto de matices y clarividencias sobre la economía española, de su pasado y de su futuro, incluso, muy vaporosamente y entre líneas, indicaste las soluciones (vagas trazas) a la gran crisis universal que se avecinaba y que nadie se atrevía, por ignorancia, a pronosticar. Tú sí.

Recuerdo vivamente y con agrado tus desapasionadas conclusiones académicas que acusaban a los socialistas de hacer crecer la economía española sólo un patético y mísero 4,1% del PIB, y de cómo una inflación controlada y unos magníficos datos del paro inscritos en mínimos históricos eran para ti una verdadera nimiedad. Recuerdo también tus análisis y predicciones sobre la Bolsa, que aunque por aquellos tiempos rondaba en máximos nunca vistos, tú ya creíste adivinar claramente el actual estallido y cata-crack que ahora estamos padeciendo. Asimismo aún resuena en mi cerebro tus críticas feroces al gobierno socialista por su magnífico superávit en las arcas públicas, que aunque no sabías muy bien el por qué lo reprochabas, tú lo hacías, porque sí, y punto. En conclusión, repito, una portentosa ecuanimidad, lógica e inteligencia a la hora de analizar la pasada legislatura económica.

Aunque no fue esto, siendo impresionante, lo que ahora y con la perspectiva de lo sucedido en el mundo financiero me ha causado más fascinación de tu pasado debate electoral. Fueron, claro está, tus recetas para salir de la crisis. Te recuerdo erguido detrás del atril, imponente, con esa efigie de Nosferatum que la madre naturaleza te ha otorgado, ir desgranando circunspecto y con gran maestría tu batería de soluciones económicas para salvar a España y al planeta entero de las garras socialistas y progresistas en general. Básicamente fueron sólo dos, una y dos, pero en ellas se englobaban sin duda toda tu sapiencia y experiencia y resumían tu asombrosa lucidez: una era no hacer más reformas en el piso de Bermejo y la otra no seguir despilfarrando el dinero financiando a los putos terroristas de ANV. 

Sublime y con dos cojones. Realmente un par de monumentales recetas de un gran economista y mejor persona. Lástima que a partir del día siguiente todo te empezara a ir mal. Y sobre todo al PP.

 

Manolo, gracias por los servicios prestados.

 

Muy atentamente,

Arnau

 

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